El viento define a Essaouira, la desdibuja y la dibuja cada día, la descompone y la reconstruye, la azota y la acaricia, vive inmerso en una historia de pasión y dependencia con ella, la ama y la odia, y víctima de la contradicción, por más que lo desee, le es imposible abandonarla.
El viento aquí tiene personalidad propia, sin cuerpo, sin alma, sin forma, una identidad invisible y misteriosa que se mueve con absoluta libertad e independencia, no está acostumbrado a las reglas, a los condicionantes, no atiende a pautas ni horarios, se trata de un individuo esquivo, huraño, hermético, viene y se va, sin dar explicaciones, sin saludos ni despedidas. Así es como le gusta moverse, egocéntrico e insociable, provocando el desconcierto y asombro por allá dónde pasa, impregnando de rareza y extravagancia los espacios por los que se desliza.
En ocasiones, el viento es amable y sopla suavemente… es cuando los sentidos se activan y se estimulan de una manera especial. Los colores, los olores, los sonidos se agitan alborotados en una danza invisible, la alegría entonces inunda las callejuelas de Essaouira.
Los colores que provienen de infinidad de rincones se despiertan y se sacuden el polvo para brillar con más intensidad. En una esquina destacan los vivos tonos de las madejas de lana que cuelgan de las paredes, unos metros más allá se ven a los hiladores, que trenzan a mano los hilos de seda finos y delicados mientras uno se deja hipnotizar, viendo cómo trazan sutiles líneas a lo largo de las calles. Los colores de las ropas también se zarandean a su paso, los de las chilabas andantes y los de las chilabas en reposo que permanecen tranquilas en los tejados, esperando ser vestidas y lucidas.
Los olores se hacen más agudos y se mezclan entre sí. El aroma de las montañas de panes que se consumen diariamente, de las especias, de las verduras, de los animales vivos que claman su libertad, de los animales muertos que cuelgan a la intemperie y del omnipresente pescado. En ocasiones el olor proviene del pescado fresco, recién llegado del puerto, otras el hedor es de pescado en proceso de secado y otras inevitablemente es la peste de los fluidos y restos de un pescado que se pudre olvidado en el suelo de las calles. El viento remueve también olores que reclaman su protagonismo, que no se conforman con un segundo plano, son aquellos que emanan de las profundidades del pueblo, de las aguas residuales que brotan como manantiales en las calles, de las basuras, restos y recuerdos desechados de la vida de la medina. El viento zarandea los olores, los mueve y los hace viajar de un lado a otro y así pierden su punto inicial, su origen, su procedencia, se unen en uno sólo como una masa inmaterial homogénea que se filtra por los poros de Essaouira.
El viento guía y acompaña el sonido de los cánticos que emergen de las mezquitas. Éstos vuelan por el aire cinco veces al día y llegan hasta los oídos de creyentes y no creyentes, de devotos y escépticos, de musulmanes y turistas. Palabras sagradas que estimulan a algunos a rezar y que a otros sirven de regulador del tiempo.
En ocasiones el viento se enfada y sopla fuertemente… es cuando los grandes elementos se estremecen y se desplazan con rapidez y el escenario cambia progresivamente y Essaouira parece temblar de miedo. El viento parece estar enemistado con el sol, utiliza a las nubes para luchar contra él, haciéndolas mover rápidamente, tapando su luz y su calor. El sol, que tiene una personalidad más afable, se conforma con aparecer tímidamente entre los huecos que dejan las nubes a su paso, se asoma y se esconde entrecortadamente pero aprovecha para deslumbrar con radiante luz, como si quisiera ganar el tiempo perdido. La medina densa y encerrada en sí misma se convierte así en un laberinto de sol y sombra, como una melodía intermitente, como un compás desacompasado, alternando las negras, alternando las blancas, con miles de pequeños espacios oscuros, con otros tantos claros, con frío, con calor, alternadamente, sucesivamente. El viento también se intenta infiltrar por los estrechos callejones para asustar a los niños que juegan. No le resulta tarea fácil, ya que encuentra multitud de obstáculos en el entresijo de calles, muros y casas de la medina, las cuales intentan poner resistencia a su movimiento. A veces logra colarse por algún callejón, por algún paso estrecho y entonces una ráfaga de viento azota el lugar y se desencadena la lucha entre el hombre y el viento, una pelea dura e intensa, en la que cada movimiento se vuelve difícil y fatigoso. Algunas personas se resguardan de él en sus oscuras y enclaustradas casas, aquellos refugios blindados que sólo miran hacia dentro, nunca hacia fuera. Casi no tienen ventanas ni conexión con el exterior, la vida está dirigida únicamente a los suyos, a aquellos que la habitan, quizás sea una forma de sentirse a salvo, de vivir en paz, girando la espalda al resto del mundo y con él al furioso viento.
Llegué a Essaouira llena de dudas, de incógnitas, de preguntas, con una pesada carga en la mochila. El viento no ha soplado suficientemente fuerte como para disipar todas esas dudas, pero se ha llevado consigo la pesadumbre interior, la preocupación y la inquietud asociadas a ellas. Llegué aquí sintiéndome pérdida, superada por el contraste entre oriente y occidente, desencajada después de la intensidad de India, sin saber cuál sería mi próximo paso, viviendo más en el recuerdo del pasado y en la incertidumbre del futuro, que en la realidad del presente. Han pasado los días y con ellos muchos vendavales y sigo sintiéndome un tanto perdida, pero el viento ha traído consigo una sensación de paz y tranquilidad profunda. Cada uno de sus soplidos me hace sentir viva, presente, consciente. Su silbido constante me ha hecho redescubrir la belleza del ahora, de la temporalidad, del movimiento, la grandeza de percibir y disfrutar sin aferrarse al recuerdo, sin angustiarse por lo venidero. El viento me empuja, me dejo llevar por su fuerza, me conduce hacia algo que ignoro pero no me importa porque así es el viento, misterioso e incomprensible, cautivador y apasionante.
El viento nos mueve y nos dirige por un camino de cambios, de transformaciones, de evolución… oponerse a él es oponerse a la vida misma.
"Y había algo hogareño en el desorden, en la despreocupación de la vida errante. Tal vez vivieron igual las tribus nómadas que vagaban de un sitio a otro en un peregrinaje sin destino... Al parecer, bajo la costra de suciedad que la memoria forma, los seres humanos conservan el recuerdo de la antigua vida nómada".
"la mujer justa", Sándor Márai
"la mujer justa", Sándor Márai
31 de marzo de 2010
30 de marzo de 2010
11 de marzo de 2010
"las cajas" de la India...
India es un país que no puede explicarse, sólo puede vivirse. Se trata de un lugar que no deja indiferente a aquel que lo recorre, provoca sentimientos opuestos, o te enamora o te horroriza. El viaje por la India es diferente a cualquier otro porque en realidad cuanto más se profundiza en ella, se produce inevitablemente una dualidad, en la que el observador se convierte a la vez en lo observado, y el viaje se transforma en dos viajes, el que proviene de las experiencias externas y el interior y personal, dos itinerarios que avanzan y se nutren en paralelo. La India no se parece a nada, es única, mágica y extraordinaria, una fuente de sabiduría y de inspiración para todo aquel que desee dejarse fascinar por una manera diferente de concebir la vida y la realidad.
Esta “caja” está compuesta de muchas “cajas”. En ellas se guardan infinidad de indias distintas, de vivencias, paisajes, personas, lecciones, dudas, búsquedas, descubrimientos, sensaciones, intuiciones, sentimientos… una variedad inmensa de recuerdos. Y me resulta muy difícil resumir y empaquetar esta experiencia, porque son tantísimas las cosas que debo guardar… y en verdad sé que todas las cajas que he acumulado en este viaje están aún abiertas, intuyo que nunca se acabarán de cerrar, porque aunque todas formen parte ya de mi memoria y de mi pasado, sé que hay algo de ellas que vive en mi, en el presente, en el ahora, porque forman parte de la persona en que me he convertido, porque son fragmentos que componen mi propia transformación. Y la India, en especial, ha marcado en mi interior una profunda huella, pues en ella he descubierto y aprendido intensamente incontables enseñanzas. La India abre y penetra en la mente y en el corazón de quien desea indagar en ella y necesariamente provoca su metamorfosis.
Hace muchos años que siento una atracción especial hacia la India y su cultura. Visitarla siempre fue un deseo interno, una llamada misteriosa, una ilusión soñada que ni siquiera yo entendía, a la que nunca encontré un sentido concreto. Lo único que sabía con certeza es que la visitaría en un momento especial de mi vida. Por eso cuando decidí emprender este largo viaje, supe que la India sería un destino importante, en el que permanecería un prolongado período de tiempo. Había leído algunas novelas sobre la vida allí, sobre el caótico funcionamiento de la sociedad, pero la realidad siempre supera a la ficción. El impacto y sorpresa que produce este país es sin duda significativo.
La India que se percibe con los sentidos es un cúmulo de informaciones e imputs, en un principio difíciles de asimilar. La superpoblación, la miseria, el ruido, el tráfico, la polución, los colores, la suciedad, el caos… la mente no deja de procesar información que le llega de todas partes, a todas horas. Uno acaba el día agotado intentando comprender infinidad de historias e imágenes grabadas en la cabeza. Al cabo de un tiempo, uno empieza a moverse con confianza dentro de ese mismo flujo y se integra en él, y aunque nunca deja de sorprenderse, ya no se hace tantas preguntas asumiendo que todo es parte de una naturalidad incomprensible. Porque todo, absolutamente todo, es posible en India y en ello precisamente radica su magia.
Uno de los aspectos que más impacta de India es su profunda religiosidad, que se vive intensa y muy devotamente. En el inmenso país conviven diversas religiones, hinduismo, budismo, cristianismo, religión musulmana y aunque todas coexisten de una forma asombrosa por todo el territorio, se hacen más notables dependiendo de la zona en la que uno se encuentre. Y resulta fascinante observar las diferentes tradiciones y manifestaciones religiosas a medida que se avanza por los estados, como subindias dentro de una plural gran India, que parece dar cabida a todos los dioses, las creencias y pensamientos posibles. Porque esa precisamente es una de sus características más notables, la diversidad, la multiplicidad, la tolerancia, la convivencia y armonía entre las ideologías y las diferentes formas de vida.
Mi primer contacto con esta atmósfera de religiosidad fue desde una visión externa. No comprendía su significado pero me impresionaban los fascinantes rituales, la adoración a los cientos de dioses, su simbolismo, las imágenes, los colores, los olores, los minuciosos detalles… Pero detrás de lo exterior, de lo visual, de la imaginaria, se halla una profundidad mística y espiritual que impregna la filosofía oriental y que resulta del todo apasionante.
Guiada por la casualidad, la intuición y una subconsciente búsqueda interna, el destino me condujo a descubrir o al menos acercarme al significado profundo de la espiritualidad de la India y aunque se trata de un misterio que aún me provoca infinidad de dudas y preguntas, ha sido enormemente enriquecedor escuchar y leer atentamente las enseñanzas de diversos pensadores y gurús, visitar ashrams y lugares sagrados, conocer las prácticas que llevan a diferentes estados de consciencia, aprender de las conversaciones inspiradoras con Gennaro… y todo ello me ha hecho aproximarme a la filosofía oriental, y su diferente forma de entender la vida y la realidad que nos rodea, una concepción que es opuesta a los valores y la perspectiva de occidente.
La espiritualidad es imposible expresarla o aprenderla o incluso entenderla desde un campo intelectual, la espiritualidad se basa en la experiencia personal, en la experiencia mística (que yo desconozco). Por eso no tiene ningún valor mi interpretación, mis pensamientos, mis intuiciones, porque el misterio de la espiritualidad debe ser descubierto en el viaje personal de cada uno y la India es el lugar adecuado para ello. Y me siento realmente afortunada de haberme acercado a esta gran sabiduría oriental porque creo que es un camino positivo, del que se pueden extraer infinidad de enseñanzas, y el cual equilibra y armoniza a todo aquel que lo sigue.
El enigma de la India también radica en las personas que la recorren, aquellos que vagan largo tiempo por ella o que una vez la han descubierto ya no pueden dejar de visitarla una y otra vez. ¿Cuál es exactamente el secreto de la India? Nadie sabe responder a esta pregunta pero aquellos que se enamoran de ella tienen algo en común, resultan ser personas especiales, con interesantes historias personales y misteriosas motivaciones que les llevan a caminar por ella en busca de algo, de respuestas, de espiritualidad, de experimentación, en busca de su propio camino… o quizás en busca de si mismos.
Yo también he vagado por la India en la búsqueda de algo, de forma inconsciente, me he dejado llevar por la intuición, por los acontecimientos que sucedían a mi alrededor y ello me ha conducido a vivir maravillosas experiencias. Y además de contemplar los impresionantes y variados paisajes naturales, las ciudades rebosantes de cultura y belleza visual, además de pasearme por las miles de indias distintas, he querido en ocasiones parar y profundizar. He sentido la necesidad de participar en algún proyecto concreto, conocer más de cerca la realidad, la vida, las gentes, porque a veces uno siente el deseo de pertenecer a algo, de aportar algo a los demás, como parte de un trueque justo, ya que cuando uno recibe tanto también debe saber dar. No puedo definir exactamente el objeto de mi búsqueda en la India, pero si acaso ha habido un hilo conductor de mis pasos, ese tal vez haya sido el deseo de experimentar, sin expectativas, sin esperanzas, sin pretensiones, simplemente con ganas de conocer y ahondar en lo desconocido, lo diferente… para explorarlo y explorarme. Tal deseo me llevó a vivir en Anandwan, también en Sadhana Forest, experiencias en las que tuve tiempo para profundizar, y de las cuales he extraído una sabiduría inmensa, aquella que sólo es posible aprender de la cercanía a la vida, a las personas, aquella que no puede leerse ni instruirse, una sabiduría que proviene de la compasión y la humanidad. Y de ese contacto con las personas, con las débiles y enfermas, con las libres y valientes, uno se acerca a la tolerancia, la empatía, la compasión y aprende a no juzgar, a aceptar a las personas tal y como son, porque en verdad todos somos iguales y sentimos de igual manera.
La india evoca en mi aprendizaje, experimentación, descubrimiento, y todo ello tiene un significado trascendente porque también ha sido vivido y compartido con Gennaro, mi gran compañero de viaje. Mi relación con él ha sido como un enorme regalo del mágico destino, que me ha hecho comprender que la felicidad y el viaje si se comparten son aún más valiosos. Juntos hemos recorrido un camino apasionante, lleno de vivencias increíbles, en cada paso hemos aprendido a comprendernos y a escucharnos, a querernos, sin promesas, sin mañanas, unidos, siendo uno y también siendo dos. Con él he volado pisando la tierra y soñado con los ojos abiertos…
El viaje por la India se descompone para mi en muchas “cajas”, que a su vez son fragmentos de mi propio ser y si es verdad que Todo se manifiesta como una red de conexiones infinitas, si es cierto que Todo está interrelacionado, si en cada parte se incluye el Todo y el Todo incluye cada una de las partes, India soy yo y yo soy India.
Esta “caja” está compuesta de muchas “cajas”. En ellas se guardan infinidad de indias distintas, de vivencias, paisajes, personas, lecciones, dudas, búsquedas, descubrimientos, sensaciones, intuiciones, sentimientos… una variedad inmensa de recuerdos. Y me resulta muy difícil resumir y empaquetar esta experiencia, porque son tantísimas las cosas que debo guardar… y en verdad sé que todas las cajas que he acumulado en este viaje están aún abiertas, intuyo que nunca se acabarán de cerrar, porque aunque todas formen parte ya de mi memoria y de mi pasado, sé que hay algo de ellas que vive en mi, en el presente, en el ahora, porque forman parte de la persona en que me he convertido, porque son fragmentos que componen mi propia transformación. Y la India, en especial, ha marcado en mi interior una profunda huella, pues en ella he descubierto y aprendido intensamente incontables enseñanzas. La India abre y penetra en la mente y en el corazón de quien desea indagar en ella y necesariamente provoca su metamorfosis.
Hace muchos años que siento una atracción especial hacia la India y su cultura. Visitarla siempre fue un deseo interno, una llamada misteriosa, una ilusión soñada que ni siquiera yo entendía, a la que nunca encontré un sentido concreto. Lo único que sabía con certeza es que la visitaría en un momento especial de mi vida. Por eso cuando decidí emprender este largo viaje, supe que la India sería un destino importante, en el que permanecería un prolongado período de tiempo. Había leído algunas novelas sobre la vida allí, sobre el caótico funcionamiento de la sociedad, pero la realidad siempre supera a la ficción. El impacto y sorpresa que produce este país es sin duda significativo.
La India que se percibe con los sentidos es un cúmulo de informaciones e imputs, en un principio difíciles de asimilar. La superpoblación, la miseria, el ruido, el tráfico, la polución, los colores, la suciedad, el caos… la mente no deja de procesar información que le llega de todas partes, a todas horas. Uno acaba el día agotado intentando comprender infinidad de historias e imágenes grabadas en la cabeza. Al cabo de un tiempo, uno empieza a moverse con confianza dentro de ese mismo flujo y se integra en él, y aunque nunca deja de sorprenderse, ya no se hace tantas preguntas asumiendo que todo es parte de una naturalidad incomprensible. Porque todo, absolutamente todo, es posible en India y en ello precisamente radica su magia.
Uno de los aspectos que más impacta de India es su profunda religiosidad, que se vive intensa y muy devotamente. En el inmenso país conviven diversas religiones, hinduismo, budismo, cristianismo, religión musulmana y aunque todas coexisten de una forma asombrosa por todo el territorio, se hacen más notables dependiendo de la zona en la que uno se encuentre. Y resulta fascinante observar las diferentes tradiciones y manifestaciones religiosas a medida que se avanza por los estados, como subindias dentro de una plural gran India, que parece dar cabida a todos los dioses, las creencias y pensamientos posibles. Porque esa precisamente es una de sus características más notables, la diversidad, la multiplicidad, la tolerancia, la convivencia y armonía entre las ideologías y las diferentes formas de vida.
Mi primer contacto con esta atmósfera de religiosidad fue desde una visión externa. No comprendía su significado pero me impresionaban los fascinantes rituales, la adoración a los cientos de dioses, su simbolismo, las imágenes, los colores, los olores, los minuciosos detalles… Pero detrás de lo exterior, de lo visual, de la imaginaria, se halla una profundidad mística y espiritual que impregna la filosofía oriental y que resulta del todo apasionante.
Guiada por la casualidad, la intuición y una subconsciente búsqueda interna, el destino me condujo a descubrir o al menos acercarme al significado profundo de la espiritualidad de la India y aunque se trata de un misterio que aún me provoca infinidad de dudas y preguntas, ha sido enormemente enriquecedor escuchar y leer atentamente las enseñanzas de diversos pensadores y gurús, visitar ashrams y lugares sagrados, conocer las prácticas que llevan a diferentes estados de consciencia, aprender de las conversaciones inspiradoras con Gennaro… y todo ello me ha hecho aproximarme a la filosofía oriental, y su diferente forma de entender la vida y la realidad que nos rodea, una concepción que es opuesta a los valores y la perspectiva de occidente.
La espiritualidad es imposible expresarla o aprenderla o incluso entenderla desde un campo intelectual, la espiritualidad se basa en la experiencia personal, en la experiencia mística (que yo desconozco). Por eso no tiene ningún valor mi interpretación, mis pensamientos, mis intuiciones, porque el misterio de la espiritualidad debe ser descubierto en el viaje personal de cada uno y la India es el lugar adecuado para ello. Y me siento realmente afortunada de haberme acercado a esta gran sabiduría oriental porque creo que es un camino positivo, del que se pueden extraer infinidad de enseñanzas, y el cual equilibra y armoniza a todo aquel que lo sigue.
El enigma de la India también radica en las personas que la recorren, aquellos que vagan largo tiempo por ella o que una vez la han descubierto ya no pueden dejar de visitarla una y otra vez. ¿Cuál es exactamente el secreto de la India? Nadie sabe responder a esta pregunta pero aquellos que se enamoran de ella tienen algo en común, resultan ser personas especiales, con interesantes historias personales y misteriosas motivaciones que les llevan a caminar por ella en busca de algo, de respuestas, de espiritualidad, de experimentación, en busca de su propio camino… o quizás en busca de si mismos.
Yo también he vagado por la India en la búsqueda de algo, de forma inconsciente, me he dejado llevar por la intuición, por los acontecimientos que sucedían a mi alrededor y ello me ha conducido a vivir maravillosas experiencias. Y además de contemplar los impresionantes y variados paisajes naturales, las ciudades rebosantes de cultura y belleza visual, además de pasearme por las miles de indias distintas, he querido en ocasiones parar y profundizar. He sentido la necesidad de participar en algún proyecto concreto, conocer más de cerca la realidad, la vida, las gentes, porque a veces uno siente el deseo de pertenecer a algo, de aportar algo a los demás, como parte de un trueque justo, ya que cuando uno recibe tanto también debe saber dar. No puedo definir exactamente el objeto de mi búsqueda en la India, pero si acaso ha habido un hilo conductor de mis pasos, ese tal vez haya sido el deseo de experimentar, sin expectativas, sin esperanzas, sin pretensiones, simplemente con ganas de conocer y ahondar en lo desconocido, lo diferente… para explorarlo y explorarme. Tal deseo me llevó a vivir en Anandwan, también en Sadhana Forest, experiencias en las que tuve tiempo para profundizar, y de las cuales he extraído una sabiduría inmensa, aquella que sólo es posible aprender de la cercanía a la vida, a las personas, aquella que no puede leerse ni instruirse, una sabiduría que proviene de la compasión y la humanidad. Y de ese contacto con las personas, con las débiles y enfermas, con las libres y valientes, uno se acerca a la tolerancia, la empatía, la compasión y aprende a no juzgar, a aceptar a las personas tal y como son, porque en verdad todos somos iguales y sentimos de igual manera.
La india evoca en mi aprendizaje, experimentación, descubrimiento, y todo ello tiene un significado trascendente porque también ha sido vivido y compartido con Gennaro, mi gran compañero de viaje. Mi relación con él ha sido como un enorme regalo del mágico destino, que me ha hecho comprender que la felicidad y el viaje si se comparten son aún más valiosos. Juntos hemos recorrido un camino apasionante, lleno de vivencias increíbles, en cada paso hemos aprendido a comprendernos y a escucharnos, a querernos, sin promesas, sin mañanas, unidos, siendo uno y también siendo dos. Con él he volado pisando la tierra y soñado con los ojos abiertos…
El viaje por la India se descompone para mi en muchas “cajas”, que a su vez son fragmentos de mi propio ser y si es verdad que Todo se manifiesta como una red de conexiones infinitas, si es cierto que Todo está interrelacionado, si en cada parte se incluye el Todo y el Todo incluye cada una de las partes, India soy yo y yo soy India.
6 de marzo de 2010
1 de marzo de 2010
Cuando uno viaja le mueve la curiosidad, las ganas y el deseo de descubrir, de conocer todo aquello que dista de la vida cotidiana, todo aquello que supone la diferencia, lo nuevo; cuando uno viaja tiene hambre y sed de experimentar, ansia por conquistar y vivir la vida de otra forma, de mirarla bajo otra perspectiva distinta. Durante estos diez meses, he visto, escuchado y conocido muchos enfoques, formas diferentes de interpretar la realidad, diversos modos de vida, infinidad de variantes, de planteamientos.
A menudo nos centramos en los árboles que pueblan nuestra vida, nos cegamos mirando, observando, analizando las hojas, las ramas, los pequeños detalles de nuestro árbol de la vida. A menudo olvidamos que ese árbol sólo es un pequeño componente dentro del vasto bosque, que éste sólo supone una de las muchas opciones que componen nuestro bosque de la vida.
Solemos pensar que tenemos pocas salidas, que los caminos son limitados, que las elecciones son similares. Solemos pensar que nuestra libertad siempre está demasiado condicionada por agentes exteriores, por los demás e incluso por nuestros propios miedos, a los cuales aceptamos y por los cuales nos dejamos vencer.
Nos autoconvencemos de que el camino que seguimos es realmente el camino que escojemos y deseamos. Nos consideramos en general esclavos del sistema, dependientes y componentes de esta sociedad que nos rodea. Creemos que inevitablemente formamos parte de ella y ocupamos un lugar determinado dentro de su engranaje. Un lugar útil que suponemos nos proporciona dignidad y respeto y una vida deseable.
Nos atrae y a la vez nos asusta pensar en diferentes opciones, considerar una ruptura, un comienzo, un cambio en nuestras vidas. Desestimamos rápidamente nuevas ideas, consolándonos y convenciéndonos de que debemos ser felices con lo que hemos conseguido con esfuerzo y perseverancia, de que la virtud yace en saber conformarse y valorar lo que tenemos, lo que compone nuestra confortable vida, aceptando la realidad tal cual es, sin luchar, sin imaginar más allá.
Y aunque es cierto que vivimos sintiéndonos semifelices, semicontentos, semisatisfechos y aunque nuestras condiciones de vida bien podrían ser la envidia de otros muchos desgraciados, de miles de personas que desean aspirar, o que incluso ya perdieron la esperanza de aspirar a mejores oportunidades... ¿es realmente nuestra vida como profundamente deseamos o desearíamos si escuchasemos atentamente nuestra vocecilla interior?
La vida que deseamos... considerando ese deseo como parte de un sentimiento, de una intuición, de un sueño, lejos de la razón, del análisis intelectual, del balance, de los pros y los contras, de las comparaciones... el deseo de imaginar nuestra propia vida con plena libertad, porque no hay nada más libre que las ideas, que la creatividad y todos somos capaces al menos de soñar cómo nos gustaría vivir nuestra vida. Porque debajo de esa capa superficial que conforma nuestro buen status occidental, nuestras comodidades, nuestra vida profesional, nuestro círculo social y familiar, debajo de nuestro ser en relación con el resto, con el entorno y el medio que nos envuelve, se encuentra la esencia, la voluntad personal. Y tal vez sea a ella a la que nos cueste escuchar y descifrar debido al ruido provocado por la otra capa, la superficial, la social... la vorágine de lo establecido.
¿Acaso alguien no ha dudado en alguna ocasión? ¿Acaso alguien no se ha planteado nunca romper, rasgar, diseccionar los pilares, los cimientos de su vida para empezar de nuevo? Esa pequeña duda que vive en la retaguardia de nuestra mente, o más bien en lo profundo de nuestro espíritu, ese malestar existencial, es la semilla de un deseo que ocultamos o nos obligamos a olvidar; una pequeña llama que cuando se enciende rápidamente sofocamos por miedo, por cobardía, por incertidumbre, por comodidad. Y esa llama no es sino la duda de si hemos sabido elegir nuestro propio camino, de si hemos luchado por lo que queremos vivir o de si nisiquiera hemos sido capaces de escuchar y entender nuestra propia voluntad, traducir en propósitos y decisiones lo que realmente nos hace felices.
Éstas no pretenden ser palabras categóricas, ni condescendientes... provienen de alguien como yo, que como cualquiera, se equivoca, duda, busca y trata de entender...
Sin embargo durante este viaje una de las lecciones importantes que he aprendido ha sido la convicción de que uno puede y debe inventar su propia vida, confeccionar a medida el camino por el que avanza. Y no sólo merece la pena realizar el ejercicio de imaginar y proyectar las pautas de tu propia vida, sino que además es más fácil de lo que parece hacerlas realidad. Y aunque nosotros mismos nos empeñemos en coaccionar nuestra libertad, las opciones existen, las variantes son infinitas y los cambios son posibles. He sido testigo de muchas historias, de muy diversos y originales modos de vida, porque existen muchas alternativas personales, confeccionadas a medida por personas que se han atrevido a romper con lo establecido y a soñar, y a construir su propio camino.
Durante las dos últimas semanas de mi estancia en India he tenido la oportunidad de conocer y participar de un modo de vida distinto, una atrevida, arriesgada y valiente alternativa, desligada de cualquier cultura o país,de cualquier regla, fundamento o convencionalismo, una opción auténtica y absolutamente confeccionada a medida... posible, real y muy interesante.
Aviram&Yorit son la pareja de israelís que hace seis años idearon la comunidad de Sadhana Forest, un terreno emplazado dentro de Auroville, en la costa sureste de la India. Una extensión de tierra deforestada y desértica, que gracias a su increíble trabajo de reforestación y conservación del agua, hoy es un bosque lleno de flora y vida.
Ellos quisieron escapar del camino marcado, quisieron construir una opción distinta, acorde con sus principios y su manera de entender la vida. Se arriesgaron, invirtieron todo su dinero en un terreno que hoy es su casa, su hogar, y el hogar de cientos de personas que desean experimentar una vida en comunidad. Ellos soñaron e inventaron su propio camino, un sendero que se encuentra fuera de lo establecido, una forma de vida personal.
Sadhana Forest acoje y abre sus puertas a todo aquel que esté dispuesto a compartir y trabajar en comunidad. El concepto base, sobre el que se sustenta su filosofía de vida, es la idea de actuar en este mundo con un absoluto respeto por el medio ambiente. El objetivo en Sadhana Forest es aumentar la conciencia en este sentido; una mayor conciencia sobre el impacto y las consecuencias de nuestro paso por la vida frente al medio que nos rodea.
Para lograr ese compromiso o comportamiento responsable y también de cara al buen funcionamiento de la comunidad, existen ciertas normas, que en principio pueden parecer autoritarias, pero que analizadas una a una con profundidad adquieren mucho sentido:
La comunidad se declara vegan, lo cual implica una estricta dieta a base de vegetales, pero no sólo no se consumen productos animales (carne, pescado), sino que tampoco se permiten los productos derivados de animales (mantequilla, huevos, miel, queso), productos procesados con conservantes y sustancias químicas (galletas industriales, conservas) y alimentos, que en su proceso de elaboración, empleen excesiva energía y por tanto un daño innecesario al medio ambiente (caña de azúcar, harina y azúcar refinados).
No se permite el consumo de bebidas estimulantes, tales como café o té, o cualquier especia picante, ya que se considera que éstas pueden alterar el estado y comportamiento natural de la persona.
Está prohibido el consumo de alcohol o drogas durante toda la estancia en la comunidad, fuera y dentro de ella, pues por concepto, va en contra del principal objetivo de la comunidad, el aumento de la conciencia personal.
No se podrán practicar juegos competitivos, como el ajedrez o las cartas.
Está prohibido el uso de jabones, champús y dentífricos no biodegradables, ya que en Sadhana Forest absolutamente todo se reutiliza y aprovecha y por tanto también el agua que alimenta a plataneros y demás árboles frutales que crecen a los pies de las duchas.
En la cabaña principal todos deben hablar inglés, el idioma que se utiliza para la comunicación común. De esta manera se evitan situaciones de discriminación y aislamiento.
Se aboga por la no escolarización de los niños. Se cree firmemente en una educación libre, en la que el niño se interesa y pregunta espontáneamente y así aprende de forma voluntaria. Cada uno de los integrantes de la comunidad (procedente de diferentes nacionalidades, culturas y con diversos conocimientos) se convierte así en un profesor para los niños que viven con él. La comunidad como fuente de sabiduría.
A cambio de la estancia dentro de la comunidad, se pide el trabajo de cuatro horas diarias en las diversas actividades que hacen que la comunidad funcione y evolucione (cocina, higiene, limpieza, estudio sobre el bosque, cazador de ratas, protección de las cabañas de termitas, recogida y transporte de verduras, trabajo en el bosque, trabajo en el jardín y los cultivos, riego, elaboración del compost, encargado del fuego en la cocina, trabajo con los niños en “children´s land”, cortar leña, movimiento de placas solares, etc).
Además de otra serie de reglas enfocadas más al buen uso cotidiano de las instalaciones, las cabañas, la cocina, los lavabos... Resulta realmente increíble lo sumamente organizadas que están todas las actividades, y lo bien que funciona todo en el día a día, quizás porque lo verdaderamente importante en la convivencia entre un grupo de personas es su propia motivación.
Vivir en Sadhana Forest es una experiencia única en la que uno tiene la oportunidad de aprender muchísimas cosas interesantes. Uno aprende a vivir en comunidad, compartiendo absolutamente todo a todas horas, aprende sobre el reciclaje y el reaprovechamiento de todo tipo de deshechos, aprende sobre el correcto uso y destino de la energía que se obtiene del medio ambiente, así como también de la propia energía que poseemos y dedicamos a nuestras tareas diarias, aprende a conocer el origen y los procesos de producción de los objetos que nos rodean, para así poder valorar su sostenibilidad, aprende a mejorar y enriquecer la alimentación conociendo sus diferentes opciones, aprende a sacar el mayor provecho de las recursos naturales, como la conservación del agua en el bosque, a partir de diferentes técnicas naturales, aprende diversas actividades gracias a la infinidad de workshops diarios, impartidos por los diferentes voluntarios porque compartir aficiones y conocimientos también forma parte de la comunidad, aprende a vivir en condiciones muy básicas, consumiendo muy pocos recursos, porque en realidad nuestras necesidades en general son mínimas, aprende a ser más humano, a compartir y ayudar a los que le rodean, aprende a aprender de las personas y de la vida en común.
Allí he sentido alegría, también tristeza. No ha sido fácil adaptarse, sobre todo a la falta de intimidad. Y aunque a veces estar rodeado de una multitud pueda resultar un tanto difícil, un tanto asfixiante, al mismo tiempo uno siente que esas mismas personas, motivadas por vivir en unidad, están a tu lado, cuidan de ti y te acompañan en lo bueno y en lo malo y todos los sentimientos se contagian unos de otros y el sufrimiento se hace más pequeño y la alegría se hace más grande. Sólo puedo estar agradecida a la comunidad y a su calor humano.
Thank you Sadhana…
A menudo nos centramos en los árboles que pueblan nuestra vida, nos cegamos mirando, observando, analizando las hojas, las ramas, los pequeños detalles de nuestro árbol de la vida. A menudo olvidamos que ese árbol sólo es un pequeño componente dentro del vasto bosque, que éste sólo supone una de las muchas opciones que componen nuestro bosque de la vida.
Solemos pensar que tenemos pocas salidas, que los caminos son limitados, que las elecciones son similares. Solemos pensar que nuestra libertad siempre está demasiado condicionada por agentes exteriores, por los demás e incluso por nuestros propios miedos, a los cuales aceptamos y por los cuales nos dejamos vencer.
Nos autoconvencemos de que el camino que seguimos es realmente el camino que escojemos y deseamos. Nos consideramos en general esclavos del sistema, dependientes y componentes de esta sociedad que nos rodea. Creemos que inevitablemente formamos parte de ella y ocupamos un lugar determinado dentro de su engranaje. Un lugar útil que suponemos nos proporciona dignidad y respeto y una vida deseable.
Nos atrae y a la vez nos asusta pensar en diferentes opciones, considerar una ruptura, un comienzo, un cambio en nuestras vidas. Desestimamos rápidamente nuevas ideas, consolándonos y convenciéndonos de que debemos ser felices con lo que hemos conseguido con esfuerzo y perseverancia, de que la virtud yace en saber conformarse y valorar lo que tenemos, lo que compone nuestra confortable vida, aceptando la realidad tal cual es, sin luchar, sin imaginar más allá.
Y aunque es cierto que vivimos sintiéndonos semifelices, semicontentos, semisatisfechos y aunque nuestras condiciones de vida bien podrían ser la envidia de otros muchos desgraciados, de miles de personas que desean aspirar, o que incluso ya perdieron la esperanza de aspirar a mejores oportunidades... ¿es realmente nuestra vida como profundamente deseamos o desearíamos si escuchasemos atentamente nuestra vocecilla interior?
La vida que deseamos... considerando ese deseo como parte de un sentimiento, de una intuición, de un sueño, lejos de la razón, del análisis intelectual, del balance, de los pros y los contras, de las comparaciones... el deseo de imaginar nuestra propia vida con plena libertad, porque no hay nada más libre que las ideas, que la creatividad y todos somos capaces al menos de soñar cómo nos gustaría vivir nuestra vida. Porque debajo de esa capa superficial que conforma nuestro buen status occidental, nuestras comodidades, nuestra vida profesional, nuestro círculo social y familiar, debajo de nuestro ser en relación con el resto, con el entorno y el medio que nos envuelve, se encuentra la esencia, la voluntad personal. Y tal vez sea a ella a la que nos cueste escuchar y descifrar debido al ruido provocado por la otra capa, la superficial, la social... la vorágine de lo establecido.
¿Acaso alguien no ha dudado en alguna ocasión? ¿Acaso alguien no se ha planteado nunca romper, rasgar, diseccionar los pilares, los cimientos de su vida para empezar de nuevo? Esa pequeña duda que vive en la retaguardia de nuestra mente, o más bien en lo profundo de nuestro espíritu, ese malestar existencial, es la semilla de un deseo que ocultamos o nos obligamos a olvidar; una pequeña llama que cuando se enciende rápidamente sofocamos por miedo, por cobardía, por incertidumbre, por comodidad. Y esa llama no es sino la duda de si hemos sabido elegir nuestro propio camino, de si hemos luchado por lo que queremos vivir o de si nisiquiera hemos sido capaces de escuchar y entender nuestra propia voluntad, traducir en propósitos y decisiones lo que realmente nos hace felices.
Éstas no pretenden ser palabras categóricas, ni condescendientes... provienen de alguien como yo, que como cualquiera, se equivoca, duda, busca y trata de entender...
Sin embargo durante este viaje una de las lecciones importantes que he aprendido ha sido la convicción de que uno puede y debe inventar su propia vida, confeccionar a medida el camino por el que avanza. Y no sólo merece la pena realizar el ejercicio de imaginar y proyectar las pautas de tu propia vida, sino que además es más fácil de lo que parece hacerlas realidad. Y aunque nosotros mismos nos empeñemos en coaccionar nuestra libertad, las opciones existen, las variantes son infinitas y los cambios son posibles. He sido testigo de muchas historias, de muy diversos y originales modos de vida, porque existen muchas alternativas personales, confeccionadas a medida por personas que se han atrevido a romper con lo establecido y a soñar, y a construir su propio camino.
Durante las dos últimas semanas de mi estancia en India he tenido la oportunidad de conocer y participar de un modo de vida distinto, una atrevida, arriesgada y valiente alternativa, desligada de cualquier cultura o país,de cualquier regla, fundamento o convencionalismo, una opción auténtica y absolutamente confeccionada a medida... posible, real y muy interesante.
Aviram&Yorit son la pareja de israelís que hace seis años idearon la comunidad de Sadhana Forest, un terreno emplazado dentro de Auroville, en la costa sureste de la India. Una extensión de tierra deforestada y desértica, que gracias a su increíble trabajo de reforestación y conservación del agua, hoy es un bosque lleno de flora y vida.
Ellos quisieron escapar del camino marcado, quisieron construir una opción distinta, acorde con sus principios y su manera de entender la vida. Se arriesgaron, invirtieron todo su dinero en un terreno que hoy es su casa, su hogar, y el hogar de cientos de personas que desean experimentar una vida en comunidad. Ellos soñaron e inventaron su propio camino, un sendero que se encuentra fuera de lo establecido, una forma de vida personal.
Sadhana Forest acoje y abre sus puertas a todo aquel que esté dispuesto a compartir y trabajar en comunidad. El concepto base, sobre el que se sustenta su filosofía de vida, es la idea de actuar en este mundo con un absoluto respeto por el medio ambiente. El objetivo en Sadhana Forest es aumentar la conciencia en este sentido; una mayor conciencia sobre el impacto y las consecuencias de nuestro paso por la vida frente al medio que nos rodea.
Para lograr ese compromiso o comportamiento responsable y también de cara al buen funcionamiento de la comunidad, existen ciertas normas, que en principio pueden parecer autoritarias, pero que analizadas una a una con profundidad adquieren mucho sentido:
La comunidad se declara vegan, lo cual implica una estricta dieta a base de vegetales, pero no sólo no se consumen productos animales (carne, pescado), sino que tampoco se permiten los productos derivados de animales (mantequilla, huevos, miel, queso), productos procesados con conservantes y sustancias químicas (galletas industriales, conservas) y alimentos, que en su proceso de elaboración, empleen excesiva energía y por tanto un daño innecesario al medio ambiente (caña de azúcar, harina y azúcar refinados).
No se permite el consumo de bebidas estimulantes, tales como café o té, o cualquier especia picante, ya que se considera que éstas pueden alterar el estado y comportamiento natural de la persona.
Está prohibido el consumo de alcohol o drogas durante toda la estancia en la comunidad, fuera y dentro de ella, pues por concepto, va en contra del principal objetivo de la comunidad, el aumento de la conciencia personal.
No se podrán practicar juegos competitivos, como el ajedrez o las cartas.
Está prohibido el uso de jabones, champús y dentífricos no biodegradables, ya que en Sadhana Forest absolutamente todo se reutiliza y aprovecha y por tanto también el agua que alimenta a plataneros y demás árboles frutales que crecen a los pies de las duchas.
En la cabaña principal todos deben hablar inglés, el idioma que se utiliza para la comunicación común. De esta manera se evitan situaciones de discriminación y aislamiento.
Se aboga por la no escolarización de los niños. Se cree firmemente en una educación libre, en la que el niño se interesa y pregunta espontáneamente y así aprende de forma voluntaria. Cada uno de los integrantes de la comunidad (procedente de diferentes nacionalidades, culturas y con diversos conocimientos) se convierte así en un profesor para los niños que viven con él. La comunidad como fuente de sabiduría.
A cambio de la estancia dentro de la comunidad, se pide el trabajo de cuatro horas diarias en las diversas actividades que hacen que la comunidad funcione y evolucione (cocina, higiene, limpieza, estudio sobre el bosque, cazador de ratas, protección de las cabañas de termitas, recogida y transporte de verduras, trabajo en el bosque, trabajo en el jardín y los cultivos, riego, elaboración del compost, encargado del fuego en la cocina, trabajo con los niños en “children´s land”, cortar leña, movimiento de placas solares, etc).
Además de otra serie de reglas enfocadas más al buen uso cotidiano de las instalaciones, las cabañas, la cocina, los lavabos... Resulta realmente increíble lo sumamente organizadas que están todas las actividades, y lo bien que funciona todo en el día a día, quizás porque lo verdaderamente importante en la convivencia entre un grupo de personas es su propia motivación.
Vivir en Sadhana Forest es una experiencia única en la que uno tiene la oportunidad de aprender muchísimas cosas interesantes. Uno aprende a vivir en comunidad, compartiendo absolutamente todo a todas horas, aprende sobre el reciclaje y el reaprovechamiento de todo tipo de deshechos, aprende sobre el correcto uso y destino de la energía que se obtiene del medio ambiente, así como también de la propia energía que poseemos y dedicamos a nuestras tareas diarias, aprende a conocer el origen y los procesos de producción de los objetos que nos rodean, para así poder valorar su sostenibilidad, aprende a mejorar y enriquecer la alimentación conociendo sus diferentes opciones, aprende a sacar el mayor provecho de las recursos naturales, como la conservación del agua en el bosque, a partir de diferentes técnicas naturales, aprende diversas actividades gracias a la infinidad de workshops diarios, impartidos por los diferentes voluntarios porque compartir aficiones y conocimientos también forma parte de la comunidad, aprende a vivir en condiciones muy básicas, consumiendo muy pocos recursos, porque en realidad nuestras necesidades en general son mínimas, aprende a ser más humano, a compartir y ayudar a los que le rodean, aprende a aprender de las personas y de la vida en común.
Allí he sentido alegría, también tristeza. No ha sido fácil adaptarse, sobre todo a la falta de intimidad. Y aunque a veces estar rodeado de una multitud pueda resultar un tanto difícil, un tanto asfixiante, al mismo tiempo uno siente que esas mismas personas, motivadas por vivir en unidad, están a tu lado, cuidan de ti y te acompañan en lo bueno y en lo malo y todos los sentimientos se contagian unos de otros y el sufrimiento se hace más pequeño y la alegría se hace más grande. Sólo puedo estar agradecida a la comunidad y a su calor humano.
Thank you Sadhana…
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