"Y había algo hogareño en el desorden, en la despreocupación de la vida errante. Tal vez vivieron igual las tribus nómadas que vagaban de un sitio a otro en un peregrinaje sin destino... Al parecer, bajo la costra de suciedad que la memoria forma, los seres humanos conservan el recuerdo de la antigua vida nómada".


"la mujer justa", Sándor Márai

11 de marzo de 2010

"las cajas" de la India...

India es un país que no puede explicarse, sólo puede vivirse. Se trata de un lugar que no deja indiferente a aquel que lo recorre, provoca sentimientos opuestos, o te enamora o te horroriza. El viaje por la India es diferente a cualquier otro porque en realidad cuanto más se profundiza en ella, se produce inevitablemente una dualidad, en la que el observador se convierte a la vez en lo observado, y el viaje se transforma en dos viajes, el que proviene de las experiencias externas y el interior y personal, dos itinerarios que avanzan y se nutren en paralelo. La India no se parece a nada, es única, mágica y extraordinaria, una fuente de sabiduría y de inspiración para todo aquel que desee dejarse fascinar por una manera diferente de concebir la vida y la realidad.

Esta “caja” está compuesta de muchas “cajas”. En ellas se guardan infinidad de indias distintas, de vivencias, paisajes, personas, lecciones, dudas, búsquedas, descubrimientos, sensaciones, intuiciones, sentimientos… una variedad inmensa de recuerdos. Y me resulta muy difícil resumir y empaquetar esta experiencia, porque son tantísimas las cosas que debo guardar… y en verdad sé que todas las cajas que he acumulado en este viaje están aún abiertas, intuyo que nunca se acabarán de cerrar, porque aunque todas formen parte ya de mi memoria y de mi pasado, sé que hay algo de ellas que vive en mi, en el presente, en el ahora, porque forman parte de la persona en que me he convertido, porque son fragmentos que componen mi propia transformación. Y la India, en especial, ha marcado en mi interior una profunda huella, pues en ella he descubierto y aprendido intensamente incontables enseñanzas. La India abre y penetra en la mente y en el corazón de quien desea indagar en ella y necesariamente provoca su metamorfosis.

Hace muchos años que siento una atracción especial hacia la India y su cultura. Visitarla siempre fue un deseo interno, una llamada misteriosa, una ilusión soñada que ni siquiera yo entendía, a la que nunca encontré un sentido concreto. Lo único que sabía con certeza es que la visitaría en un momento especial de mi vida. Por eso cuando decidí emprender este largo viaje, supe que la India sería un destino importante, en el que permanecería un prolongado período de tiempo. Había leído algunas novelas sobre la vida allí, sobre el caótico funcionamiento de la sociedad, pero la realidad siempre supera a la ficción. El impacto y sorpresa que produce este país es sin duda significativo.

La India que se percibe con los sentidos es un cúmulo de informaciones e imputs, en un principio difíciles de asimilar. La superpoblación, la miseria, el ruido, el tráfico, la polución, los colores, la suciedad, el caos… la mente no deja de procesar información que le llega de todas partes, a todas horas. Uno acaba el día agotado intentando comprender infinidad de historias e imágenes grabadas en la cabeza. Al cabo de un tiempo, uno empieza a moverse con confianza dentro de ese mismo flujo y se integra en él, y aunque nunca deja de sorprenderse, ya no se hace tantas preguntas asumiendo que todo es parte de una naturalidad incomprensible. Porque todo, absolutamente todo, es posible en India y en ello precisamente radica su magia.

Uno de los aspectos que más impacta de India es su profunda religiosidad, que se vive intensa y muy devotamente. En el inmenso país conviven diversas religiones, hinduismo, budismo, cristianismo, religión musulmana y aunque todas coexisten de una forma asombrosa por todo el territorio, se hacen más notables dependiendo de la zona en la que uno se encuentre. Y resulta fascinante observar las diferentes tradiciones y manifestaciones religiosas a medida que se avanza por los estados, como subindias dentro de una plural gran India, que parece dar cabida a todos los dioses, las creencias y pensamientos posibles. Porque esa precisamente es una de sus características más notables, la diversidad, la multiplicidad, la tolerancia, la convivencia y armonía entre las ideologías y las diferentes formas de vida.
Mi primer contacto con esta atmósfera de religiosidad fue desde una visión externa. No comprendía su significado pero me impresionaban los fascinantes rituales, la adoración a los cientos de dioses, su simbolismo, las imágenes, los colores, los olores, los minuciosos detalles… Pero detrás de lo exterior, de lo visual, de la imaginaria, se halla una profundidad mística y espiritual que impregna la filosofía oriental y que resulta del todo apasionante.
Guiada por la casualidad, la intuición y una subconsciente búsqueda interna, el destino me condujo a descubrir o al menos acercarme al significado profundo de la espiritualidad de la India y aunque se trata de un misterio que aún me provoca infinidad de dudas y preguntas, ha sido enormemente enriquecedor escuchar y leer atentamente las enseñanzas de diversos pensadores y gurús, visitar ashrams y lugares sagrados, conocer las prácticas que llevan a diferentes estados de consciencia, aprender de las conversaciones inspiradoras con Gennaro… y todo ello me ha hecho aproximarme a la filosofía oriental, y su diferente forma de entender la vida y la realidad que nos rodea, una concepción que es opuesta a los valores y la perspectiva de occidente.
La espiritualidad es imposible expresarla o aprenderla o incluso entenderla desde un campo intelectual, la espiritualidad se basa en la experiencia personal, en la experiencia mística (que yo desconozco). Por eso no tiene ningún valor mi interpretación, mis pensamientos, mis intuiciones, porque el misterio de la espiritualidad debe ser descubierto en el viaje personal de cada uno y la India es el lugar adecuado para ello. Y me siento realmente afortunada de haberme acercado a esta gran sabiduría oriental porque creo que es un camino positivo, del que se pueden extraer infinidad de enseñanzas, y el cual equilibra y armoniza a todo aquel que lo sigue.

El enigma de la India también radica en las personas que la recorren, aquellos que vagan largo tiempo por ella o que una vez la han descubierto ya no pueden dejar de visitarla una y otra vez. ¿Cuál es exactamente el secreto de la India? Nadie sabe responder a esta pregunta pero aquellos que se enamoran de ella tienen algo en común, resultan ser personas especiales, con interesantes historias personales y misteriosas motivaciones que les llevan a caminar por ella en busca de algo, de respuestas, de espiritualidad, de experimentación, en busca de su propio camino… o quizás en busca de si mismos.

Yo también he vagado por la India en la búsqueda de algo, de forma inconsciente, me he dejado llevar por la intuición, por los acontecimientos que sucedían a mi alrededor y ello me ha conducido a vivir maravillosas experiencias. Y además de contemplar los impresionantes y variados paisajes naturales, las ciudades rebosantes de cultura y belleza visual, además de pasearme por las miles de indias distintas, he querido en ocasiones parar y profundizar. He sentido la necesidad de participar en algún proyecto concreto, conocer más de cerca la realidad, la vida, las gentes, porque a veces uno siente el deseo de pertenecer a algo, de aportar algo a los demás, como parte de un trueque justo, ya que cuando uno recibe tanto también debe saber dar. No puedo definir exactamente el objeto de mi búsqueda en la India, pero si acaso ha habido un hilo conductor de mis pasos, ese tal vez haya sido el deseo de experimentar, sin expectativas, sin esperanzas, sin pretensiones, simplemente con ganas de conocer y ahondar en lo desconocido, lo diferente… para explorarlo y explorarme. Tal deseo me llevó a vivir en Anandwan, también en Sadhana Forest, experiencias en las que tuve tiempo para profundizar, y de las cuales he extraído una sabiduría inmensa, aquella que sólo es posible aprender de la cercanía a la vida, a las personas, aquella que no puede leerse ni instruirse, una sabiduría que proviene de la compasión y la humanidad. Y de ese contacto con las personas, con las débiles y enfermas, con las libres y valientes, uno se acerca a la tolerancia, la empatía, la compasión y aprende a no juzgar, a aceptar a las personas tal y como son, porque en verdad todos somos iguales y sentimos de igual manera.

La india evoca en mi aprendizaje, experimentación, descubrimiento, y todo ello tiene un significado trascendente porque también ha sido vivido y compartido con Gennaro, mi gran compañero de viaje. Mi relación con él ha sido como un enorme regalo del mágico destino, que me ha hecho comprender que la felicidad y el viaje si se comparten son aún más valiosos. Juntos hemos recorrido un camino apasionante, lleno de vivencias increíbles, en cada paso hemos aprendido a comprendernos y a escucharnos, a querernos, sin promesas, sin mañanas, unidos, siendo uno y también siendo dos. Con él he volado pisando la tierra y soñado con los ojos abiertos…

El viaje por la India se descompone para mi en muchas “cajas”, que a su vez son fragmentos de mi propio ser y si es verdad que Todo se manifiesta como una red de conexiones infinitas, si es cierto que Todo está interrelacionado, si en cada parte se incluye el Todo y el Todo incluye cada una de las partes, India soy yo y yo soy India.


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