Los indios acuden a Varanasi como punto importante de peregrinaje religioso. Algunos, como turistas temporales, otros con intencion de esperar a que la muerte acuda a recibirles; y otros, con vestidos anaranjados, convencidos de que el camino del ascetismo y renuncia absoluta es el que les conducira a la maxima purificacion, los sadhus o hombres sagrados, se concentran en Varanasi para dedicar su vida a la entrega religiosa. Todos ellos dotan a la ciudad de una atmosfera de fe y devocion que contagia hasta a los mas escepticos.
En las pujas, los rituales diarios a las deidades hindus, cada elemento tiene su propio significado, cada uno posee su lugar y orden especifico. Los detalles aparecen de pronto en cada esquina, pequenos dioses escondidos en minusculos altares, el agua, el fuego, el incienso, los adornos, las ofrendas a base de flores y dulces...
Aqui se celebran miles de rituales y ceremonias las 24 horas del dia.
Uno de los lugares mas impresionantes de la ciudad es el crematorio principal, Manikarnika Ghat. Nos alojamos en un guesthouse justo al lado. La muerte y su ceremonia se viven aqui como un acto natural y cercano. Los familiares admiran como el fallecido deja su cuerpo y vuela a otros mundos, ellos lo presencian y de alguna manera le acompanan y a la vez le ayudan a irse.. La imagen de varias hogueras humeantes, con las siluetas paralizadas de los cuerpos ardientes, nada tiene de macabro o salvaje, por el contrario se convierte en un acto publico y de una bella naturalidad. Sentadas en un banco de uno de los edificios abandonados, que hace las veces de "casa de vacas", bajo la magica luz de media luna, observamos con atencion la actividad del crematorio. La escena es realmente preciosa. De repente un corte de luz nos deja tenuamente iluminadas por las llamas de los fuegos. Me parece estar viviendo un cuento de hadas, en otro mundo, en otra epoca, en otra vida.
La vida y la muerte conviven y se entremezclan, la alegria y el dolor. Asomada al balcon del guesthouse, situado en la calle que va hasta el crematorio, oigo como se acerca la muerte, la reconozco a traves de los mantras que recitan los familiares, mientras llevan a sus hombros el cuerpo inerte.La India se manifiesta a menudo harmoniosamente contradictoria. Por la misma calle, por la cual hace un rato la muerte pasaba, pasa tambien la fiesta de la vida. Repentinamente se convierte en escenario de una comparsa callejera, en honor a un dios hindu, una de las muchas festividades religiosas que se llevan a cabo en este ocupado mes de octubre. Un elefante encabeza la procesion, avanzando como puede por las estrechisimas calles; lo acompanan el estruendo de petardos, la percusion y ritmo de los tambores, que invaden el lugar como una fuerte onda expansiva. El corazon se acelera con la euforia de la musica. Aparecen figuras religiosas caracterizadas con vistosos trajes y adornos. En ese momento, uno se convence de que todo es posible en la India, que la magia existe verdaderamente. Su cultura, sus metaforas, sus simbolos crean la esencia de las cosas, esencia, que permanece oculta desde el exterior ideologico, desde la confusion y asombro del desconocimiento occidental. Aun asi, el encanto y misterio de Varanasi yace en su aire, que se mueve como brisa hipnotizadora y se filtra indistintamente por todos los sentidos, los hindus y los no hindus.
Y de la misma manera que Varanasi muestra su grandeza y delicadeza por los detalles, tambien expone su decadencia y podredumbre. En sus calles laberinticas, estrechas y sucias, transitan vacas junto a cabras, perros, bufalos, motos, bicicletas, y por supuesto cientos y cientos de indios. Sus sonoras voces se mezclan con las molestas bocinas, timbres, radios, plegarias, cantos y los miles de reclamos de los tenderos: "come inside madame", "cheap prices", "nice postcards, toilet paper!?". Los edificios se caen literalmente a trozos, las fachadas estan descoloridas, dejan intuir colores vivos y colores pastel preciosos; las cacas de vaca y la basura se esparce por el suelo de piedra medio embarrado...
Y sin embargo, aunque esta parezca una descripcion de un lugar misero, Varanasi es todo lo contrario a ello. Las casas, las tiendecitas, los templos que emergen sorprendentemente de entre los edificios, los monumentales palacios a orillas del Ganges, todo, evoca un pasado glorioso y un lugar que guarda infinidad de historia, tradicion y belleza.
Sin duda, el elemento mas divino y simbolico de la ciudad es el rio Ganges. A pesar de su sacralidad, el agua esta altamente contaminada. Recibe las aguas fecales de la ciudad, que se deslizan por los empinados ghats. Tambien contiene los restos de las cremaciones de cuerpos. En algunas ocasiones no esta permitido quemar los cuerpos, y entonces se hunden directamente en el rio. Es el caso de las embarazadas, los ninos, los leprosos, los mordidos por una cobra y los sadhus, que no tendran la suerte de arder en las intensas llamas. El rio es tambien deposito de basura y algun que otro animal muerte abandonado a su propio destino.
A pesar de toda esta densidad de cuerpos inertes, el Ganges es vida y purificacion. Se trata de una especie de catarsis de lo perecedero al resurgimiento de lo eterno. El agua de este rio es diferente porque su significado y esencia la hacen especial y unica. El Ganges recibe y da. Recibe toda la energia veneradora de sus fieles y da generosamente la bendicion a todo aquel que se acerca a el, a traves de los efluvios que emanan de el y que hacen que lo "irreal" se descubra en lo "real", en la materialidad.
Cada dia, cientos y cientos de personas acuden a su orilla para sumergirse en sus aguas, asearse, lavar sus ropas o beber de el. Recojen el divino fluido y lo llevan a sus casas, para si tambien bendecirlas.
Paseando y perdiendose por Varanasi, dejandose deleitar con su seduccion, fascinacion, magia y simbolismo, uno comprueba que las cosas, las personas y las acciones no son nada por si mismas, parecen pero solo son cuando se les otorga un significado esencial.