

Me encuentro en Luang Prabang, una deliciosa ciudad entre montanas y frondosa vegetacion, rodeada literalmente de agua, del rio Mekong y del rio Nam Khan.
Una de las bonitas atracciones que ofrece la ciudad son los numerosos templos budistas que se alzan imponentes en cada esquina, en cada calle, invadiendo toda la ciudad. Por supuesto cada templo tiene sus propios monjes internos, la mayoria muy jovenes, aprendices de monjes. Visten telas de diferentes tonalidades de naranja, preciosos colores que contrastan con los demas intensos y vivos pigmentos de la ciudad.
Un gran numero de templos que se traduce en un grandisimo numero de monjes. Cuando miro a todos esos ninos aparentemente tan obedientes y buenos, me pregunto si realmente es enriquecedor como nino vivir internado en un templo...comer austeramente dos veces al dia, practicamente no salir al exterior y renunciar a jugar por jugar, y renunciar a conocer y compartir con chicas, y renunciar literalmente a tocarlas, y renunciar a la vida familiar, y renunciar a la posesion material, y renunciar y renunciar. Pero luego, vuelvo a mirarles y en realidad parecen tan felices, sonrien y se mueven con calma, desprenden cierta serenidad. Quizas me equivoque y ellos realmente han elejido conscientes este tipo de vida, al menos dicen que ser monje es una de las puertas para recibir una buena educacion y eso es algo muy positivo.
Tantos templos, tantos monjes y tantisimas plegarias y oraciones que se repiten diariamente en esta ciudad. Supongo que con esta enorme concentracion de "casas" y "personas" sagradas, Luang Prabang debe tener una especie de aurea invisible de paz y proteccion, o al menos esa deberia ser la tarea de todos aquellos monjes que la habitan.
Una de las bonitas actividades que uno puede hacer en esta ciudad es ver la procesion de monjes que recorre las calles a primera hora de la manana para recibir las donaciones de comida de sus feligreses.
Y asi es como empece el jueves mi largo dia, despertandome a las 5 am y ofreciendo unos platanos a los hombrecillos naranjas.
Sentada en una alfombra en la acera de la calle principal, deposito cada platano en cada una de las vasijas que cuelgan de sus hombros, sin saber exactamente si obro de forma correcta, pues las vasijas parecen ser unicamente para el arroz, aunque en realidad mi buena intencion es lo que cuenta.
A mi lado izquierdo, Ana, una alegre y simpatiquisima brasilena, afincada en NY, que conoci hace dos dias y de la que me he vuelto inseparable. A mi lado derecho, una anciana que en silencio amasa pequenas bolas de arroz para repartirlas en cada cuenco que pasa ante su rostro. Supongo que repartir la comida entre muchos monjes es como ser bendecida muchas veces.
Despues del silencioso desfile naranja, Ana y yo nos dirigimos hacia su hotel... un hotel de 5 estrellas, un lugar agradable, de estilo colonial, bonito y nada recargado. La habitacion esta obviamente repleta de esos pequenos detalles que hacen de un hotel, un "5 stars hotel", todo lo innecesario pero placentero para hacer que el cliente disfrute del mejor de los conforts.
Ana se calza sus deportivos para salir a hacer jogging, yo ante tal panorama y tantas estrellas confortables flotando a mi alrededor, decido tumbarme en la inmensa cama, mas bien trono, que tengo ante mis ojos. Al rato llega Ana y se ducha y yo me desperezo saboreando los ultimos momentos de placer horizontal.
Son ya las 7.30 am, momento perfecto para un buen desayuno. Ana ya ha comunicado el hotel que soy su companera de cuarto y por tanto disfrutare de todos los servicios del hotel, incluido el abundante y delicioso desayuno, la piscina y todas las comodidades imaginables. Me siento afortunada.
Me deleito lentamente con el desayuno mas completo y europeo que he saboreado en mes y medio...tortilla de jamon, queso y verduras, bacon, patatas, tostadas con mermelada, jogurt, fruta, zumo, te...y de postre una madalena de chocolate. Me siento como una reina, rodeada de abundancia, todo es tan limpio, tan nuevo, tan reluciente...
Y es que cuando uno viaja y lleva una vida tan basica y sencilla, se acostumbra a vivir con menos, no necesita, ni siquiera desea este tipo de lujos y excesos, pero aprecia de una forma muy especial los momentos en que los puede disfrutar.
Con la barriga muy llena nos dirigimos hacia la esquina del "tourist information centre", el meeting point donde podemos encontrar a otros viajeros con los que compartir el viaje a las cascadas Kuang Si. El conductor de nuestro tuk-tuk hace alarde de su poder de conviccion y logra reunir a 8 personas, llenamos el tuk-tuk.
Una vez alli, nos banamos en las preciosas piscinas naturales de agua turquesa que la cascada forma en su descenso por la montana. Es delicioso banarse y nadar, una de las cosas que mas echo de menos. En cuanto veo agua, me zambullo sin pensarlo dos veces; en Mongolia, incluso me bane escasos 10 segundos en un lago de agua helada.
Son las 3.30 pm y ya estamos de vuelta en Luang Prabang. Ana y yo nos despedimos de nuestros companeros, a los que veremos mas tarde para cenar. Estamos hambrientas por lo que paramos en un bar de comida local. Verduras salteadas y "sticky rice", una especie de arroz pegajoso riquisimo.
Buena comida, buena excursion y bano regenerador... el dia no puede ir mejor.
Me separo de Ana, nos veremos luego en su hotel, mi camara se ha quedado sin bateria y necesito ir a mi habitacion para recargarla. Por el camino me entretengo en una libreria de libros usados para intercambiar. Busco y rebusco pero no veo nada especialemente interesante, me sorprende que los viajeros lean tanta novelucha de portadas dibujadas con llamativos colores y titulos de grandes letras platedas. Solamente me detengo ante un ejemplar de Kerouac, recuerdo que alguien interesante me recomendo este autor.
A las 5 pm llamo a la puerta de la habitacion de Ana, queremos ir juntas a ver el atardecer en la colina del templo de Phousi. Pero antes, tengo aun un poco de tiempo para darme un bano en la "5 stars swimming pool". De nuevo me siento afortunada.
Sobre las 6.30 pm el sol se esconde por detras de las montanas de Luang Prabang, llevandose consigo su reflejo sobre el gran Mekong. Sentadas en las escaleras del elevado templo, admiramos el acontecimiento rodeadas de otros tantos turistas. La escena bien podria compararse a los famosos atardeceres en el famoso "Cafe del Mar" de Ibiza, decenas de miradas fijas en un mismo punto.
Son las 7.30 y necesitamos un pequeno descanso, ha sido un dia muy largo y aun nos queda la noche por delante. Sera nuestra segunda y ultima noche juntas, antes de que nuestros caminos se vuelvan a separar. Las dos tenemos ganas de probar a que sabe la noche de Luang Prabang.
A las 9 pm volvemos a encontrarnos en el mismo meeting point de siempre. Muy cerca se encuentra un puesto de comida callejero, un buffet vegetariano buenisimo por solo 5000 kip (0.60 $), que se ha convertido en nuestro restaurante favorito de estos dias. Somos 6 a la mesa, un chico medio ingles, medio espanol, que viaja con una chica australiana, dos chicos argentinos que hemos conocido viendo el atardecer, Ana y yo.
Despues de la primera Beerlao de 640 ml. decidimos cojer un tuk-tuk para ir a un tal "bowling bar" que nos ha recomendado la gente local. La noche promete, se respira buen ambiente entre viajeros y ganas de fiesta.
En algun momento tomo distancia, intento observar la situacion desde fuera y sonrio por dentro. Somos 6 absolutos desconocidos compartiendo una noche de fiesta con la naturalidad y confianza de colegas de toda la vida.
Viajando uno se ve envuelto muchas veces en este tipo de situaciones curiosas, son parte de la aventura. Uno se siente relajado, alegre y abierto a conocer, personas, lugares, situaciones. Compartir espontaneamente con desconocidos, de forma absolutamente temporal, es extrano pero divertido, y puede incluso ser muy especial, si es que se produce la quimica adecuada.
Deben ser las 11 pm cuando llegamos a nuestra primera parada, el famoso "bowling bar", lugar inmenso y bastante desangelado, solo se ven unos pocos laosianos jugando a bolos. Parece que hemos equivocado la hora de llegada, dicen que el bar se llena cuando los demas cierran. Decididamente volvemos a tomar un tuk-tuk para ir a otro lugar, "daagfa pub", la super disco de los locales. Intuimos que no solo la noche y la situacion estan siendo surrealistas sino tambien los lugares que visitamos. Las risas aumentan cuando entramos en la disco, una sala fea con una musica horrible pero repleta de jovenes emocionados bailando como locos. Definitivamente el lugar nos encanta.
La noche transcurre rapida entre carcajadas, bailes y vodka. A la 1 am la musica enmudece y aparece la blanca luz. Como si de una alarma se tratase, todos los locales desaparecen de la sala en 5 minutos, me rio y pienso: igualito que en Espana! Jovenes cenicientos que vuelven corriendo a casa antes de que la malvada madrastra les castigue. Como es de esperar los turistas continuamos alli un buen rato mas.
Cuando ya pensaba que la fiesta llegaba a su fin, me percato que alguien a indicado a nuestro conductor llevarnos de nuevo al "bowling bar". Me encanta la idea.
El bar esta ahora lleno de gente, o quizas de todos los rezagados como nosotros que se resisten a acabar la noche.
Deben ser las 3 am cuando por fin abro la puerta de mi habitacion... hogar, dulce hogar! Como podreis imaginar, la concepcion del tiempo y la sobriedad hace rato que se han perdido por el camino.
Muchas cosas, muchas horas... una manana especial, un mediodia bonito, una tarde relajada y una noche divertida... dentro de un dia muy muy largo.
Una de las bonitas atracciones que ofrece la ciudad son los numerosos templos budistas que se alzan imponentes en cada esquina, en cada calle, invadiendo toda la ciudad. Por supuesto cada templo tiene sus propios monjes internos, la mayoria muy jovenes, aprendices de monjes. Visten telas de diferentes tonalidades de naranja, preciosos colores que contrastan con los demas intensos y vivos pigmentos de la ciudad.
Un gran numero de templos que se traduce en un grandisimo numero de monjes. Cuando miro a todos esos ninos aparentemente tan obedientes y buenos, me pregunto si realmente es enriquecedor como nino vivir internado en un templo...comer austeramente dos veces al dia, practicamente no salir al exterior y renunciar a jugar por jugar, y renunciar a conocer y compartir con chicas, y renunciar literalmente a tocarlas, y renunciar a la vida familiar, y renunciar a la posesion material, y renunciar y renunciar. Pero luego, vuelvo a mirarles y en realidad parecen tan felices, sonrien y se mueven con calma, desprenden cierta serenidad. Quizas me equivoque y ellos realmente han elejido conscientes este tipo de vida, al menos dicen que ser monje es una de las puertas para recibir una buena educacion y eso es algo muy positivo.
Tantos templos, tantos monjes y tantisimas plegarias y oraciones que se repiten diariamente en esta ciudad. Supongo que con esta enorme concentracion de "casas" y "personas" sagradas, Luang Prabang debe tener una especie de aurea invisible de paz y proteccion, o al menos esa deberia ser la tarea de todos aquellos monjes que la habitan.
Una de las bonitas actividades que uno puede hacer en esta ciudad es ver la procesion de monjes que recorre las calles a primera hora de la manana para recibir las donaciones de comida de sus feligreses.
Y asi es como empece el jueves mi largo dia, despertandome a las 5 am y ofreciendo unos platanos a los hombrecillos naranjas.
Sentada en una alfombra en la acera de la calle principal, deposito cada platano en cada una de las vasijas que cuelgan de sus hombros, sin saber exactamente si obro de forma correcta, pues las vasijas parecen ser unicamente para el arroz, aunque en realidad mi buena intencion es lo que cuenta.
A mi lado izquierdo, Ana, una alegre y simpatiquisima brasilena, afincada en NY, que conoci hace dos dias y de la que me he vuelto inseparable. A mi lado derecho, una anciana que en silencio amasa pequenas bolas de arroz para repartirlas en cada cuenco que pasa ante su rostro. Supongo que repartir la comida entre muchos monjes es como ser bendecida muchas veces.
Despues del silencioso desfile naranja, Ana y yo nos dirigimos hacia su hotel... un hotel de 5 estrellas, un lugar agradable, de estilo colonial, bonito y nada recargado. La habitacion esta obviamente repleta de esos pequenos detalles que hacen de un hotel, un "5 stars hotel", todo lo innecesario pero placentero para hacer que el cliente disfrute del mejor de los conforts.
Ana se calza sus deportivos para salir a hacer jogging, yo ante tal panorama y tantas estrellas confortables flotando a mi alrededor, decido tumbarme en la inmensa cama, mas bien trono, que tengo ante mis ojos. Al rato llega Ana y se ducha y yo me desperezo saboreando los ultimos momentos de placer horizontal.
Son ya las 7.30 am, momento perfecto para un buen desayuno. Ana ya ha comunicado el hotel que soy su companera de cuarto y por tanto disfrutare de todos los servicios del hotel, incluido el abundante y delicioso desayuno, la piscina y todas las comodidades imaginables. Me siento afortunada.
Me deleito lentamente con el desayuno mas completo y europeo que he saboreado en mes y medio...tortilla de jamon, queso y verduras, bacon, patatas, tostadas con mermelada, jogurt, fruta, zumo, te...y de postre una madalena de chocolate. Me siento como una reina, rodeada de abundancia, todo es tan limpio, tan nuevo, tan reluciente...
Y es que cuando uno viaja y lleva una vida tan basica y sencilla, se acostumbra a vivir con menos, no necesita, ni siquiera desea este tipo de lujos y excesos, pero aprecia de una forma muy especial los momentos en que los puede disfrutar.
Con la barriga muy llena nos dirigimos hacia la esquina del "tourist information centre", el meeting point donde podemos encontrar a otros viajeros con los que compartir el viaje a las cascadas Kuang Si. El conductor de nuestro tuk-tuk hace alarde de su poder de conviccion y logra reunir a 8 personas, llenamos el tuk-tuk.
Una vez alli, nos banamos en las preciosas piscinas naturales de agua turquesa que la cascada forma en su descenso por la montana. Es delicioso banarse y nadar, una de las cosas que mas echo de menos. En cuanto veo agua, me zambullo sin pensarlo dos veces; en Mongolia, incluso me bane escasos 10 segundos en un lago de agua helada.
Son las 3.30 pm y ya estamos de vuelta en Luang Prabang. Ana y yo nos despedimos de nuestros companeros, a los que veremos mas tarde para cenar. Estamos hambrientas por lo que paramos en un bar de comida local. Verduras salteadas y "sticky rice", una especie de arroz pegajoso riquisimo.
Buena comida, buena excursion y bano regenerador... el dia no puede ir mejor.
Me separo de Ana, nos veremos luego en su hotel, mi camara se ha quedado sin bateria y necesito ir a mi habitacion para recargarla. Por el camino me entretengo en una libreria de libros usados para intercambiar. Busco y rebusco pero no veo nada especialemente interesante, me sorprende que los viajeros lean tanta novelucha de portadas dibujadas con llamativos colores y titulos de grandes letras platedas. Solamente me detengo ante un ejemplar de Kerouac, recuerdo que alguien interesante me recomendo este autor.
A las 5 pm llamo a la puerta de la habitacion de Ana, queremos ir juntas a ver el atardecer en la colina del templo de Phousi. Pero antes, tengo aun un poco de tiempo para darme un bano en la "5 stars swimming pool". De nuevo me siento afortunada.
Sobre las 6.30 pm el sol se esconde por detras de las montanas de Luang Prabang, llevandose consigo su reflejo sobre el gran Mekong. Sentadas en las escaleras del elevado templo, admiramos el acontecimiento rodeadas de otros tantos turistas. La escena bien podria compararse a los famosos atardeceres en el famoso "Cafe del Mar" de Ibiza, decenas de miradas fijas en un mismo punto.
Son las 7.30 y necesitamos un pequeno descanso, ha sido un dia muy largo y aun nos queda la noche por delante. Sera nuestra segunda y ultima noche juntas, antes de que nuestros caminos se vuelvan a separar. Las dos tenemos ganas de probar a que sabe la noche de Luang Prabang.
A las 9 pm volvemos a encontrarnos en el mismo meeting point de siempre. Muy cerca se encuentra un puesto de comida callejero, un buffet vegetariano buenisimo por solo 5000 kip (0.60 $), que se ha convertido en nuestro restaurante favorito de estos dias. Somos 6 a la mesa, un chico medio ingles, medio espanol, que viaja con una chica australiana, dos chicos argentinos que hemos conocido viendo el atardecer, Ana y yo.
Despues de la primera Beerlao de 640 ml. decidimos cojer un tuk-tuk para ir a un tal "bowling bar" que nos ha recomendado la gente local. La noche promete, se respira buen ambiente entre viajeros y ganas de fiesta.
En algun momento tomo distancia, intento observar la situacion desde fuera y sonrio por dentro. Somos 6 absolutos desconocidos compartiendo una noche de fiesta con la naturalidad y confianza de colegas de toda la vida.
Viajando uno se ve envuelto muchas veces en este tipo de situaciones curiosas, son parte de la aventura. Uno se siente relajado, alegre y abierto a conocer, personas, lugares, situaciones. Compartir espontaneamente con desconocidos, de forma absolutamente temporal, es extrano pero divertido, y puede incluso ser muy especial, si es que se produce la quimica adecuada.
Deben ser las 11 pm cuando llegamos a nuestra primera parada, el famoso "bowling bar", lugar inmenso y bastante desangelado, solo se ven unos pocos laosianos jugando a bolos. Parece que hemos equivocado la hora de llegada, dicen que el bar se llena cuando los demas cierran. Decididamente volvemos a tomar un tuk-tuk para ir a otro lugar, "daagfa pub", la super disco de los locales. Intuimos que no solo la noche y la situacion estan siendo surrealistas sino tambien los lugares que visitamos. Las risas aumentan cuando entramos en la disco, una sala fea con una musica horrible pero repleta de jovenes emocionados bailando como locos. Definitivamente el lugar nos encanta.
La noche transcurre rapida entre carcajadas, bailes y vodka. A la 1 am la musica enmudece y aparece la blanca luz. Como si de una alarma se tratase, todos los locales desaparecen de la sala en 5 minutos, me rio y pienso: igualito que en Espana! Jovenes cenicientos que vuelven corriendo a casa antes de que la malvada madrastra les castigue. Como es de esperar los turistas continuamos alli un buen rato mas.
Cuando ya pensaba que la fiesta llegaba a su fin, me percato que alguien a indicado a nuestro conductor llevarnos de nuevo al "bowling bar". Me encanta la idea.
El bar esta ahora lleno de gente, o quizas de todos los rezagados como nosotros que se resisten a acabar la noche.
Deben ser las 3 am cuando por fin abro la puerta de mi habitacion... hogar, dulce hogar! Como podreis imaginar, la concepcion del tiempo y la sobriedad hace rato que se han perdido por el camino.
Muchas cosas, muchas horas... una manana especial, un mediodia bonito, una tarde relajada y una noche divertida... dentro de un dia muy muy largo.
Envidia es la palabra que define ahora mismo mi estado de ánimo... mucha envidia... ;-)
ResponderEliminarGracias por escribir Silvia, es mi lectura estos días...ya espero el próximo capítulo. Un beso. Maria
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