"Y había algo hogareño en el desorden, en la despreocupación de la vida errante. Tal vez vivieron igual las tribus nómadas que vagaban de un sitio a otro en un peregrinaje sin destino... Al parecer, bajo la costra de suciedad que la memoria forma, los seres humanos conservan el recuerdo de la antigua vida nómada".


"la mujer justa", Sándor Márai

20 de junio de 2009

un dia muy largo...


Me encuentro en Luang Prabang, una deliciosa ciudad entre montanas y frondosa vegetacion, rodeada literalmente de agua, del rio Mekong y del rio Nam Khan.

Una de las bonitas atracciones que ofrece la ciudad son los numerosos templos budistas que se alzan imponentes en cada esquina, en cada calle, invadiendo toda la ciudad. Por supuesto cada templo tiene sus propios monjes internos, la mayoria muy jovenes, aprendices de monjes. Visten telas de diferentes tonalidades de naranja, preciosos colores que contrastan con los demas intensos y vivos pigmentos de la ciudad.
Un gran numero de templos que se traduce en un grandisimo numero de monjes. Cuando miro a todos esos ninos aparentemente tan obedientes y buenos, me pregunto si realmente es enriquecedor como nino vivir internado en un templo...comer austeramente dos veces al dia, practicamente no salir al exterior y renunciar a jugar por jugar, y renunciar a conocer y compartir con chicas, y renunciar literalmente a tocarlas, y renunciar a la vida familiar, y renunciar a la posesion material, y renunciar y renunciar. Pero luego, vuelvo a mirarles y en realidad parecen tan felices, sonrien y se mueven con calma, desprenden cierta serenidad. Quizas me equivoque y ellos realmente han elejido conscientes este tipo de vida, al menos dicen que ser monje es una de las puertas para recibir una buena educacion y eso es algo muy positivo.
Tantos templos, tantos monjes y tantisimas plegarias y oraciones que se repiten diariamente en esta ciudad. Supongo que con esta enorme concentracion de "casas" y "personas" sagradas, Luang Prabang debe tener una especie de aurea invisible de paz y proteccion, o al menos esa deberia ser la tarea de todos aquellos monjes que la habitan.

Una de las bonitas actividades que uno puede hacer en esta ciudad es ver la procesion de monjes que recorre las calles a primera hora de la manana para recibir las donaciones de comida de sus feligreses.

Y asi es como empece el jueves mi largo dia, despertandome a las 5 am y ofreciendo unos platanos a los hombrecillos naranjas.

Sentada en una alfombra en la acera de la calle principal, deposito cada platano en cada una de las vasijas que cuelgan de sus hombros, sin saber exactamente si obro de forma correcta, pues las vasijas parecen ser unicamente para el arroz, aunque en realidad mi buena intencion es lo que cuenta.
A mi lado izquierdo, Ana, una alegre y simpatiquisima brasilena, afincada en NY, que conoci hace dos dias y de la que me he vuelto inseparable. A mi lado derecho, una anciana que en silencio amasa pequenas bolas de arroz para repartirlas en cada cuenco que pasa ante su rostro. Supongo que repartir la comida entre muchos monjes es como ser bendecida muchas veces.

Despues del silencioso desfile naranja, Ana y yo nos dirigimos hacia su hotel... un hotel de 5 estrellas, un lugar agradable, de estilo colonial, bonito y nada recargado. La habitacion esta obviamente repleta de esos pequenos detalles que hacen de un hotel, un "5 stars hotel", todo lo innecesario pero placentero para hacer que el cliente disfrute del mejor de los conforts.

Ana se calza sus deportivos para salir a hacer jogging, yo ante tal panorama y tantas estrellas confortables flotando a mi alrededor, decido tumbarme en la inmensa cama, mas bien trono, que tengo ante mis ojos. Al rato llega Ana y se ducha y yo me desperezo saboreando los ultimos momentos de placer horizontal.
Son ya las 7.30 am, momento perfecto para un buen desayuno. Ana ya ha comunicado el hotel que soy su companera de cuarto y por tanto disfrutare de todos los servicios del hotel, incluido el abundante y delicioso desayuno, la piscina y todas las comodidades imaginables. Me siento afortunada.
Me deleito lentamente con el desayuno mas completo y europeo que he saboreado en mes y medio...tortilla de jamon, queso y verduras, bacon, patatas, tostadas con mermelada, jogurt, fruta, zumo, te...y de postre una madalena de chocolate. Me siento como una reina, rodeada de abundancia, todo es tan limpio, tan nuevo, tan reluciente...
Y es que cuando uno viaja y lleva una vida tan basica y sencilla, se acostumbra a vivir con menos, no necesita, ni siquiera desea este tipo de lujos y excesos, pero aprecia de una forma muy especial los momentos en que los puede disfrutar.

Con la barriga muy llena nos dirigimos hacia la esquina del "tourist information centre", el meeting point donde podemos encontrar a otros viajeros con los que compartir el viaje a las cascadas Kuang Si. El conductor de nuestro tuk-tuk hace alarde de su poder de conviccion y logra reunir a 8 personas, llenamos el tuk-tuk.
Una vez alli, nos banamos en las preciosas piscinas naturales de agua turquesa que la cascada forma en su descenso por la montana. Es delicioso banarse y nadar, una de las cosas que mas echo de menos. En cuanto veo agua, me zambullo sin pensarlo dos veces; en Mongolia, incluso me bane escasos 10 segundos en un lago de agua helada.

Son las 3.30 pm y ya estamos de vuelta en Luang Prabang. Ana y yo nos despedimos de nuestros companeros, a los que veremos mas tarde para cenar. Estamos hambrientas por lo que paramos en un bar de comida local. Verduras salteadas y "sticky rice", una especie de arroz pegajoso riquisimo.
Buena comida, buena excursion y bano regenerador... el dia no puede ir mejor.

Me separo de Ana, nos veremos luego en su hotel, mi camara se ha quedado sin bateria y necesito ir a mi habitacion para recargarla. Por el camino me entretengo en una libreria de libros usados para intercambiar. Busco y rebusco pero no veo nada especialemente interesante, me sorprende que los viajeros lean tanta novelucha de portadas dibujadas con llamativos colores y titulos de grandes letras platedas. Solamente me detengo ante un ejemplar de Kerouac, recuerdo que alguien interesante me recomendo este autor.

A las 5 pm llamo a la puerta de la habitacion de Ana, queremos ir juntas a ver el atardecer en la colina del templo de Phousi. Pero antes, tengo aun un poco de tiempo para darme un bano en la "5 stars swimming pool". De nuevo me siento afortunada.

Sobre las 6.30 pm el sol se esconde por detras de las montanas de Luang Prabang, llevandose consigo su reflejo sobre el gran Mekong. Sentadas en las escaleras del elevado templo, admiramos el acontecimiento rodeadas de otros tantos turistas. La escena bien podria compararse a los famosos atardeceres en el famoso "Cafe del Mar" de Ibiza, decenas de miradas fijas en un mismo punto.

Son las 7.30 y necesitamos un pequeno descanso, ha sido un dia muy largo y aun nos queda la noche por delante. Sera nuestra segunda y ultima noche juntas, antes de que nuestros caminos se vuelvan a separar. Las dos tenemos ganas de probar a que sabe la noche de Luang Prabang.

A las 9 pm volvemos a encontrarnos en el mismo meeting point de siempre. Muy cerca se encuentra un puesto de comida callejero, un buffet vegetariano buenisimo por solo 5000 kip (0.60 $), que se ha convertido en nuestro restaurante favorito de estos dias. Somos 6 a la mesa, un chico medio ingles, medio espanol, que viaja con una chica australiana, dos chicos argentinos que hemos conocido viendo el atardecer, Ana y yo.
Despues de la primera Beerlao de 640 ml. decidimos cojer un tuk-tuk para ir a un tal "bowling bar" que nos ha recomendado la gente local. La noche promete, se respira buen ambiente entre viajeros y ganas de fiesta.
En algun momento tomo distancia, intento observar la situacion desde fuera y sonrio por dentro. Somos 6 absolutos desconocidos compartiendo una noche de fiesta con la naturalidad y confianza de colegas de toda la vida.
Viajando uno se ve envuelto muchas veces en este tipo de situaciones curiosas, son parte de la aventura. Uno se siente relajado, alegre y abierto a conocer, personas, lugares, situaciones. Compartir espontaneamente con desconocidos, de forma absolutamente temporal, es extrano pero divertido, y puede incluso ser muy especial, si es que se produce la quimica adecuada.

Deben ser las 11 pm cuando llegamos a nuestra primera parada, el famoso "bowling bar", lugar inmenso y bastante desangelado, solo se ven unos pocos laosianos jugando a bolos. Parece que hemos equivocado la hora de llegada, dicen que el bar se llena cuando los demas cierran. Decididamente volvemos a tomar un tuk-tuk para ir a otro lugar, "daagfa pub", la super disco de los locales. Intuimos que no solo la noche y la situacion estan siendo surrealistas sino tambien los lugares que visitamos. Las risas aumentan cuando entramos en la disco, una sala fea con una musica horrible pero repleta de jovenes emocionados bailando como locos. Definitivamente el lugar nos encanta.

La noche transcurre rapida entre carcajadas, bailes y vodka. A la 1 am la musica enmudece y aparece la blanca luz. Como si de una alarma se tratase, todos los locales desaparecen de la sala en 5 minutos, me rio y pienso: igualito que en Espana! Jovenes cenicientos que vuelven corriendo a casa antes de que la malvada madrastra les castigue. Como es de esperar los turistas continuamos alli un buen rato mas.

Cuando ya pensaba que la fiesta llegaba a su fin, me percato que alguien a indicado a nuestro conductor llevarnos de nuevo al "bowling bar". Me encanta la idea.
El bar esta ahora lleno de gente, o quizas de todos los rezagados como nosotros que se resisten a acabar la noche.

Deben ser las 3 am cuando por fin abro la puerta de mi habitacion... hogar, dulce hogar! Como podreis imaginar, la concepcion del tiempo y la sobriedad hace rato que se han perdido por el camino.

Muchas cosas, muchas horas... una manana especial, un mediodia bonito, una tarde relajada y una noche divertida... dentro de un dia muy muy largo.

aguzar el oido, enfocar la mirada...












En ocasiones, las palabras sobran, el silencio lo explica todo...

Paseando por los templos de Luang Prabang, he vislumbrado el secreto y callado idioma de los colores, huellas y pequenos detalles de los lugares sagrados.





14 de junio de 2009

coleccionando cajas de sorpresas...

He pasado escasos 15 dias en Vietnam, tiempo insuficiente para una valoracion y definicion, tiempo suficiente para unas primeras impresiones y sensaciones, que suelen ser las que mas cuentan.

Y es que la percepcion de un pais no solo depende de lo que uno vea, huela o saboree, de la propia tierra que pise. La experiencia sobre el exterior depende absolutamente del estado interior de uno mismo. Depende del lugar del que uno procede, de lo ya visto y vivido, de las experiencias pasadas y del estado de "armonia personal" con el que uno arriba a nuevas tierras. Uno no viaja nunca puro, virgen, vacio como una pagina en blanco, neutro y dispuesto a empezar un nuevo libro de aventuras. Nunca sucede asi.
Se acumula una especie de historia personal sobre el viaje, la cual de alguna manera condiciona y manipula las futuras percepciones de lo nuevo y lo desconocido.

En este, mi largo viaje, Mongolia fue mi primer destino, elejido con plena consciencia y deseo. Vietnam fue el segundo, mi puerta a sudeste asiatico.

Despues de vivir un pais deberia existir una camara de aislamiento para poder reposar, un lugar anonimo, sin situacion geografica, un lugar sin cultura, sin idioma, sin influencias exteriores, un lugar absolutamente neutro, donde el viajero pasara unas horas, unos dias, un tiempo indefinido para la reflexion.
Tras el impacto de un nuevo pais, uno se convierte en una caja repleta de nuevas sensaciones, nuevas vivencias y descubrimientos. Es necesario parar, pensar, hacer balance y guardar los recuerdos para poder llenar y empezar otra vez.
Despues de Mongolia he echado de menos mi camara de aislamiento. El cambio fue brusco, repentino, demasiado fuerte.

Mongolia fue muy muy especial...
Pienso en como describir con palabras mi recuerdo, mi propia caja mongola, pero es inutil. Nietzsche tenia razon al afirmar que las palabras esclavizan nuestro pensamiento, deciden y eligen lo que nuestra mente no es capaz de hacer, porque los pensamientos y las sensaciones son mucho mas abstractos e imprecisos.
Creo que es mejor que os cuente una historia sobre una sensacion que he experimentado en varias ocasiones...
Salgo a la calle con mi bici, un dia soleado, paseo y pedaleo con ritmo calmado observando la ciudad, las calles, los parques, lo que sucede. De repente percibo algo extrano, miro alrededor y noto que todo encaja, que cada cosa, cada persona esta en su exacto lugar, todo se mueve con perfecta coordinacion, como parte de un todo. Me imagino que se trata de algo similar a lo que Jung denomina "conciencia universal", los invisibles hilos que nos unen. Experimento una especie de lucidez sensorial, y me siento feliz, o al menos asi es como me figuro que debe sentirse la felicidad, la "perfecta armonia".

En mi caja mongola he guardado esa sensacion porque todo fluyo con absoluta naturalidad, la combinacion perfecta entre espacio, tiempo y acontecimientos.
Asi llegue a Vietnam, deslizandome entre nubes, embriagada y enamorada de mi anterior experiencia, absolutamente condicionada... por ello Vietnam solo ha sido la consecuencia de Mongolia, dias de transito para mis emociones, dias en los que aun estaba cerrando mi anterior caja.

En este breve paso por Vietnam, mis ojos han visto bonitos paisajes, pero tambien demasiados turistas, masas guiadas por tours y rutas establecidas. Me he divertido con el caos y el constante ruido, pero tambien me han cansado las luchas con los locales por los precios, su afan de sacar siempre mas beneficio. He disfrutado de la comida vietnamita y de las sonrisas inocentes de aquellos que aun se mantienen al margen de la voragine del turismo.


Esta es mi historia, ni mas verdadera, ni mas falsa que otras que hayais escuchado, todo depende de la procedencia, del estado interior, de las expectativas, de los deseos, de la propia actitud, de las cajas anteriores y de las que quedan por llenar.

Ahora, ya en Lao, relajada e ilusionada, abro mi espiritu, abro mi mente, abro una nueva caja...


9 de junio de 2009

Mi colega thai y yo...rodando hasta el fin del mundo!



...Y mientras comparo mundos... el viento acaricia mi rostro, las curvas agitan mi cuerpo y la velocidad esboza una gran sonrisa en mi cara... dias de motorbike a lo "telma y louise"!




mundos iguales,mundos distintos...




He pasado unos dias en las provincias de Sapa y Lai Chau, en el norte de Vietnam, muy cerca de la frontera con China. Se trata de una zona que,pese la incesante y dura agresion de ese monstruo llamado turismo y "travel agencies", aun conserva gran parte de la vida tradicional y de la forma de hacer antigua de la multitud de tribus que la habitan. Bonitos nombres para etnias que intentan luchar y salvaguardar sus diferencias...H'mong, Day, Zao...

Al observarles a ellos, no he podido evitar tambien observarme a mi misma. Silvia, 30 anos,soltera, disenadora de interiores... chica de ciudad, asfalto y cemento.
Alla de donde provengo el tiempo define la accion y la accion define la vida. Vivir es una sucesion de actividades y la no-actividad nos genera un malestar interior,un desasosiego extrano.

La vida cotidiana de las etnias de este lugar no dista tanto de aquella, mi vida urbana...mundos iguales.
El tiempo, un factor importante, una concepcion abstracta inventada por el hombre. Existen infinidad de tiempos en el mundo, todo depende de la actitud con la que se mire el reloj. El tiempo es universal pero relativo.
Aqui es definido por la naturaleza y los ciclos naturales de las estaciones. El tiempo mas bien falta que sobra, no hay descanso posible, cada momento del dia tiene asignada una tarea especifica, cada estacion su oficio. Y aunque pueda sonar extrano en un lugar tan tranquilo, el tiempo aqui es oro. La gente que habita estos parajes solo tiene una semana de paz al ano (al comienzo del nuevo ano), el unico momento en que la naturaleza les permite parar. Y observando la sencillez de sus vidas, me pregunto, que haran los H'mong en su semana de vacaciones?

Pero obviamente "mi mundo" y "este mundo" tambien son distintos. Una de las diferencias basicas radica en la simplicidad de las acciones, en la propia esencia de las tareas diarias, no existe en su cadena de trabajo ningun intermediario, ninguna manipulacion anterior, el hombre esta en contacto directo con el producto,la materia prima, que manipula y transforma y consume, cerrando asi el ciclo productivo.
Se que la vida en cualquier medio rural suele ser similar pero aqui me sorprende que absolutamente todo lo que envuelve a estas gentes es self-hand-made.
Cultivan el arroz que luego serviran en sus platos, separan los hilos de marihuana para confeccionar sus prendas tradicionales, recojen las hierbas salvajes para extraer de ellas los tintes para sus ropas...
En mi dia a dia, no se me ocurre ningun producto que toquen mis manos, que no haya sido manipulado por otras muchas anteriormente.

La vida es dura y dificil, en "mi mundo" y en "este mundo", pero cuando el sol se pone,las actividades diarias cesan,el tiempo deja de correr, cuando el hombre se refugia en su hogar, con su familia y apaga la luz de su mesilla... "este mundo" duerme placidamente, no conoce la ansiedad ni el insomnio, no ha oido hablar de los trastornos mentales, de la insatisfaccion que sufre y padece "mi pobre mundo".

1 de junio de 2009

nueva Silvia, nueva camara, nueva ciudad...







Salgo de mi calurosa y ruidosa habiatcion en un guesthouse del centro de Hanoi.. Alli dejo a mis companeros de habitacion, un japones neohippy, con pinta de boliviano, que toca instrumentos extranos, dibuja y hace joyas para vender en la calle, es decir un artesano todoterreno. Y mi nueva colega tailandesa, risuena, de voz dulce y suave, que estos dias esta recluida en el dormitorio construyendo la maqueta de su proyecto final de curso de diseno industrial. Curiosos companeros.

Bajo las escaleras y salgo a la calle, Hang Dieu. Bonjour Hanoi! el ruido de las motos y los claxones me da la bienvenida, se trata claramente de la esencia de esta ciudad, el caos continuo del trafico. Las motos tienen el poder, mientras los imponentes 4x4 intentan hacerse un hueco en las calles pero saben que nada tienen que hacer ante la omnipresente astucia y habilidad de los motoristas.

Sigo andando y llego hasta el cruce con Hang Bong, mi idea es dirigirme al gran lago que se encuentra en el centro del barrio antiguo, pero no espero llegar directamente, no pretendo llegar en los 5 minutos que se tarda normalmente, ya que por el camino estoy segura que algo pasara, algo llamara mi atencion y me distraere, algo observare que me hara variar mi direccion... y entonces, me perdere una vez mas.
Siempre me pierdo, si miro el mapa me pierdo, si me dejo llevar por los sentidos me pierdo y si me concentro y sigo las indicaciones paso a paso del mapa, me vuelvo a perder. Normalmente mi sentido de la orientacion no es malo, pero en esta ciudad he desistido hace tiempo de confiar en el. Aunque en realidad lo imprevisible, la sorpresa, la excepcion siempre se encuentra cuando unos simplemente se deja llevar.

Opto entonces por dejarme guiar por la intuicion, si veo algo interesante, alli me dirijo, y asi recorro las calles, vagando y dejando que trabajen los impulsos... y siempre acabo perdida, en el extremo opuesto al destino al que en un principio me encaminaba.

Sigo por Hang Bong, pero cuidado porque dentro de dos manzanas se convierte en Hang Gai, que nada tiene que ver con Hang Ga, o Hang Ma.
El ritmo de mis pasos es lento, mejor no tener prisas porque el andar y recorrer aqui no resulta tarea facil. Las aceras existen pero no para el uso al que estamos habituados , Aqui todo es posible, aqui la vida pasa en las aceras... las tiendas y sus productos amontonados, los "bares-comedores" improvisados con bajos taburetes y mesas de plastico, los talleres mecanicos, las barberias, los partidos de badmington con marcas pintadas en el suelo, los puestos de bebida, las vendedoras ambulantes con sus cestas en forma de balanza colgadas al hombro, los conductores "madame, motorbike", los conductores "hello, cyclo 1 hour"... y todo dentro de la misma acera!
Como es logico entre tantas actividades, ya no queda espacio para caminar, con lo cual opto por andar por la carretera donde cada dos minutos estoy a punto de ser atropellada por una moto. No hay reglas, ni carriles, ni semaforos, el trafico se desliza y fluye a la perfeccion, una harmoniosa coordinacion entre espacio y velocidad.

Y sigo andando direccion al lago, pero me despisto, veo un mercadillo callejero, sombrio, oscuroi y estrecho. Entro por Hang Be Hdau, pero quien sabe por donde volvere a aparecer a la luz.
Entre las verduras, la carne, los vivos pescados, los frutos secos y las flores, se mezclan los cuerpos durmientes de los tenderos, parece que es la hora de la siesta. En silencio, me paseo y observo una nueva ocupacion del espacio publico, sala de descanso para suenos espontaneos.

Y mientras sigo caminando por las caoticas calles de Hanoi, sigo perdiendome y encontrandome... y pensando que me siento muy viva, quizas porque la intensa vida me rodea, el ruido es vida, los olores son vida, la muchedumbre es vida y las amables sonrisas de la gente son vida... y sintiendo cierta envidia de esta ciudad y de sus gentes porque ellos si que saben lo que significa "vivir las calles".