Desde el aeropuerto de Bangkok digo en silencio un ultimo adios a Tailandia. He pasado casi mes y medio en estas tierras, una larga estancia que me ha permitido conocer en profundidad, no tanto los lugares geograficos, sino mas bien la vida diaria, la cotidianidad, la manera de ser y moverse de los tailandeses y sobre todo he conocido y compartido la vida de Bangkok, ciudad bautizada ya como "mi segundo hogar". Vivir con Jem tantos dias en Bangkok ha sido una experiencia maravillosa porque realmente siento que he ganado una verdadera amiga, mi unica verdadera amiga ahora, en mi "vida de viaje". He vivido la ciudad con tranquilidad, con tiempo suficiente para visitar lo obligado, descubrir lo menos frecuentado, establecer mis propios recorridos por lo diario y cercano e incluso pasarme algun dia vagueando en casa, charlando con Jem, sin hacer demasiado, sin preocuparme por ver mas, por conocer mas.
Por primera vez en mi viaje he creado un campo base, una casa, un hogar, porque despues de cuatro meses de desplazamientos, de pisar cien mil guesthouses, de hacer y deshacer la mochila a diario, de pasar horas y horas en autocares, de llegar, de abandonar, de seguir, de continuar sin descanso... por fin en Bangkok he sentido que el tiempo corria mas pausado, he sentido la normalidad, la cotidianidad de pertenecer a un barrio, a una casa, a un espacio, a un lugar que poco a poco se hace conocido y que produce la agradable sensacion de la familiaridad. De esta manera uno siente que lentamente se apropia de los lugares y los hace un poco suyos, los marca con su propia huella.
Tailandia es un pais diferente al resto de paises que he visitado del sudeste asiatico. Un lugar en donde el avance y progreso marca la diferencia, en las infraestructuras, en la economia y por supuesto en el comportamiento y educacion de sus gentes. En Tailandia todo resulta facil y comodo. Y aunque demasiado turistico y explotado, ha sido para mi como un oasis de placer, un descanso corporal y mental despues de la dureza de los paises anteriores, un veranito de sol y diversion que tanto me apetecia vivir... tomar el sol en playas paradisiacas, salir de fiesta y bailar las canciones del verano, beber, como una guiri, thai whisky en buckets de plastico, viajar con la facilidad con la que se mueve uno por los "western countries", y salir de fiesta, y bailar las canciones del verano... y volver a salir de fiesta.
Lo realmente alucinante de Tailandia es que uno encuentra la comodidad de un pais desarrollado unida al carisma tan especial y exotico que caracteriza a Asia.
Y es que el orden de las cajas, si altera el producto. Y no se si mi recorrido es el mas adecuado, no se si hubiese sido mejor visitar un pais antes que otro, eso nunca se sabe y quizas precisamente eso sea lo mas fascinante e interesante, el hecho de que las propias percepciones de los lugares dependan en gran parte del orden y posicion entre ellas... y es ahi donde yace la verdadera magia, el intrigante misterio, la extrana conexion... Tailandia llego a mi como un calido verano despues de un frio y duro invierno.
Y sin embargo ahora, en el momento que abandono el pais, un cielo gris, cubierto de niebla me acompana, un diluvio, al puro estilo de Bangkok, inunda la pista de aterrizaje. Quizas el cielo me despide llorando desconsoladamente... en realidad una preciosa despedida.
Y vuelvo a cerrar otra caja, que como las anteriores contiene recuerdos, experiencias y lugares, pero que sin embargo, precinto de una manera distinta, con mucho cuidado y mucho carino porque dentro algo la hace ser especial y delicada... el valor de una nueva amistad, el valor de pertenecer a un lugar y sentirse como en casa.
La India me espera... o mejor, que me esperara en la India?
"Y había algo hogareño en el desorden, en la despreocupación de la vida errante. Tal vez vivieron igual las tribus nómadas que vagaban de un sitio a otro en un peregrinaje sin destino... Al parecer, bajo la costra de suciedad que la memoria forma, los seres humanos conservan el recuerdo de la antigua vida nómada".
"la mujer justa", Sándor Márai
"la mujer justa", Sándor Márai
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Silvia... cada vez que te leo se me hace un nudo en el estómago... es todo tan emocionante, tan intenso, tan extraño y tan conocido, también.
ResponderEliminarUn abrazo muy fuerte.
Santa.
Veo que el animal irracional ha surgido ya en ti, es decir, yo lo bauticé como "homus occidentalus". Por muy hippies, groupies, nuevos ricos, punkies (y más calificativos inútiles para definirnos) que intentemos ser, siempre surge nuestra esencia, la antropología se impone a lo artificial, y ahí me vanaglorio de ser humano. Silvia, take care. Un besazo.
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