"Y había algo hogareño en el desorden, en la despreocupación de la vida errante. Tal vez vivieron igual las tribus nómadas que vagaban de un sitio a otro en un peregrinaje sin destino... Al parecer, bajo la costra de suciedad que la memoria forma, los seres humanos conservan el recuerdo de la antigua vida nómada".


"la mujer justa", Sándor Márai

7 de diciembre de 2011

Prefiero la pobreza a la deshonestidad...

Estoy acostumbrada a viajar por la India. La miseria y la suciedad es visible casi en todos los rincones de este inmenso pais.

En las calles, estoy acostumbrada al caos mas absoluto, a la aglomeracion de personas, animales y vehiculos, a la basura amontonada, a los olores putrefactos, a los mendigos, a los enfermos, a las fachadas decadentes, a los edificios medio en ruinas, a las aceras inexistentes, al asfalto viejo y destrozado...

En los interiores, estoy acostumbrada a las habitaciones zulo, a los lavabos con mugre incrustada en todos sus recovecos, a las paredes desconchadas y manchadas de quien sabe que, que necesitan urgentemente una capa de pintura, a las camas duras y viejas, a las sabanas sucias y apolilladas, que reclaman desde hace tiempo un poco de agua y ajbon, a los enchufes que no funcionan, a los circuitos electricos imposibles de entender, a las lamparas fluorencentes con una capa centenaria de polvo e insectos incrustados, de luz blanca y desagradable.

En las personas, estoy acostumbrada a ver en sus ojos mucha miseria y necesidad, a su mirada unica e intensa, a sus ropas agujereadas, descoloridas, descosidas, remendadas, desgastadas, a sus manos asperas, duras, sucias y curtidas, a las verrugas, a las deformaciones y mutilaciones, a las heridas que nunca se curan, a la lepra, a las protuberancias provocadas por diversos tipos de cancer, a los dientes roidos y rojizos de tanto mascar betel, a la falta de dientes, a los tuertos, a los mancos, a los cojos, a la pobreza mas cruda y desalentadora, a la desesperanza.

Estoy acostumbrada a la mugre y decadencia y aunque es sin duda la cara mas desapacible y triste de gran parte de la humanidad, hay algo peor que todo esto, algo que no incomoda a los ojos, que no molesta a los sentidos externos, pero si perturba y hiere al espiritu. La miseria de la humanidad no yace en la pobreza y sus manifestaciones externas, la miseria verdadera reside en lo profundo de las personas, en la deshonestidad, la mentira y el engano.

Hace unos dias que viajo por Indonesia y, sin ser Europa, aqui el nivel de pobreza, basura, suciedad y porqueria es muchisimo menor que en un pais como India. Las calles estan limpias y ordenadas, las habitaciones son decentes, y las personas... que sucede con las personas?

No me gusta la pobreza y las injusticias que la causan, pero en las personas humildes y de vida sencilla, en las personas que tienen excasas posesiones materiales, he encontrado la sencillez y la pureza de espiritu, una generosidad y una amabilidad unicas. Me gusta reunirme con ellas y aunque las palabras no nos sirven para comunicarnos, hallo en sus miradas y gestos, en las sonrisas que me regalan, algo que me hace sentir bien, comoda y segura, arropada de buenas intenciones y de familiaridad. He descubierto esta sencillez natural en las gentes humildes de todos los lugares que he visitado, tambien puedo percibirla en los indonesios. Pero sin embargo, he de confesar que tambien he visto y he sabido por otros, historias sobre falsas promesas, enganos y estafas en este pais. No se trata de casos de gran gravedad, simplemente pequenas mentirijillas, con tal de confundir y desorientar al turista, que por naturaleza y obligacion confia y se fia de lo que los locales le dicen.

La causa de la perversion y corrupcion de las personas suele ser la aparicion de la figura extranjera. El turismo de Indonesia en los ultimos anos ha crecido desmesurada y descontroladamente. Alla donde se concentran los servicios turisticos, se percibe el cambio en el caracter, la personalidad, y el talante de los lugarenos.

No hace falta que mencione lo que de todos es sabido sobre Indonesia, sus playas paradisiacas, sus omnipresentes y fascinantes volcanes, su selva frondosa, sus preciosos e interminables campos de cultivo de arroz... pero es una lastima, que en ocasiones, todo ese encanto se vea envuelto y manchado de una fea, vulgar y artificiosa oferta comercial turistica, con sus respectivas infraestrusturas, excesivas agencias de viajes, hoteles, tiendas, restaurantes... y todo ello administrado, por supuesto no en todos los casos, por personas que lo unico que persiguen es la rentabilidad y exito de sus negocios, por encima de la etica y el buen karma. El turismo masivo ha transformado sus sonrisas sinceras, las ha convertido en interesadas y cuando uno busca simplemente un poco de ayuda o asesoramiento, tiene la sensacion de que no puede confiar en la palabra de nadie. Para hallar la informacion fiable, uno debe encuestar al menos a tres personas distintas y comparar respuestas. Lo mismo ocurre para averiguar el precio real de las cosas. Esto crea frustracion y cansancio mental.

Por eso me gusta pasear y perderme por caminos que conducen a pueblecitos y areas alejadas de los nucleos turisticos, alla todo vuelve a la normalidad, alla las personas, no importa si extranjeros o locales, son iguales y tratadas por igual, alla la amabilidad florece y la calma interior vuelve a aparecer.

El primer objetivo de la humanidad es la erradicacion de la pobreza mundial, una responsabilidad comun, de la que todos nos deberiamos sentir obligados. Pero que sucede con la pobreza de espiritu? No es esta el origen y raiz del resto de problematicas, desajustes e injusticias mundiales?





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