Cuando uno viaja le mueve la curiosidad, las ganas y el deseo de descubrir, de conocer todo aquello que dista de la vida cotidiana, todo aquello que supone la diferencia, lo nuevo; cuando uno viaja tiene hambre y sed de experimentar, ansia por conquistar y vivir la vida de otra forma, de mirarla bajo otra perspectiva distinta. Durante estos diez meses, he visto, escuchado y conocido muchos enfoques, formas diferentes de interpretar la realidad, diversos modos de vida, infinidad de variantes, de planteamientos.
A menudo nos centramos en los árboles que pueblan nuestra vida, nos cegamos mirando, observando, analizando las hojas, las ramas, los pequeños detalles de nuestro árbol de la vida. A menudo olvidamos que ese árbol sólo es un pequeño componente dentro del vasto bosque, que éste sólo supone una de las muchas opciones que componen nuestro bosque de la vida.
Solemos pensar que tenemos pocas salidas, que los caminos son limitados, que las elecciones son similares. Solemos pensar que nuestra libertad siempre está demasiado condicionada por agentes exteriores, por los demás e incluso por nuestros propios miedos, a los cuales aceptamos y por los cuales nos dejamos vencer.
Nos autoconvencemos de que el camino que seguimos es realmente el camino que escojemos y deseamos. Nos consideramos en general esclavos del sistema, dependientes y componentes de esta sociedad que nos rodea. Creemos que inevitablemente formamos parte de ella y ocupamos un lugar determinado dentro de su engranaje. Un lugar útil que suponemos nos proporciona dignidad y respeto y una vida deseable.
Nos atrae y a la vez nos asusta pensar en diferentes opciones, considerar una ruptura, un comienzo, un cambio en nuestras vidas. Desestimamos rápidamente nuevas ideas, consolándonos y convenciéndonos de que debemos ser felices con lo que hemos conseguido con esfuerzo y perseverancia, de que la virtud yace en saber conformarse y valorar lo que tenemos, lo que compone nuestra confortable vida, aceptando la realidad tal cual es, sin luchar, sin imaginar más allá.
Y aunque es cierto que vivimos sintiéndonos semifelices, semicontentos, semisatisfechos y aunque nuestras condiciones de vida bien podrían ser la envidia de otros muchos desgraciados, de miles de personas que desean aspirar, o que incluso ya perdieron la esperanza de aspirar a mejores oportunidades... ¿es realmente nuestra vida como profundamente deseamos o desearíamos si escuchasemos atentamente nuestra vocecilla interior?
La vida que deseamos... considerando ese deseo como parte de un sentimiento, de una intuición, de un sueño, lejos de la razón, del análisis intelectual, del balance, de los pros y los contras, de las comparaciones... el deseo de imaginar nuestra propia vida con plena libertad, porque no hay nada más libre que las ideas, que la creatividad y todos somos capaces al menos de soñar cómo nos gustaría vivir nuestra vida. Porque debajo de esa capa superficial que conforma nuestro buen status occidental, nuestras comodidades, nuestra vida profesional, nuestro círculo social y familiar, debajo de nuestro ser en relación con el resto, con el entorno y el medio que nos envuelve, se encuentra la esencia, la voluntad personal. Y tal vez sea a ella a la que nos cueste escuchar y descifrar debido al ruido provocado por la otra capa, la superficial, la social... la vorágine de lo establecido.
¿Acaso alguien no ha dudado en alguna ocasión? ¿Acaso alguien no se ha planteado nunca romper, rasgar, diseccionar los pilares, los cimientos de su vida para empezar de nuevo? Esa pequeña duda que vive en la retaguardia de nuestra mente, o más bien en lo profundo de nuestro espíritu, ese malestar existencial, es la semilla de un deseo que ocultamos o nos obligamos a olvidar; una pequeña llama que cuando se enciende rápidamente sofocamos por miedo, por cobardía, por incertidumbre, por comodidad. Y esa llama no es sino la duda de si hemos sabido elegir nuestro propio camino, de si hemos luchado por lo que queremos vivir o de si nisiquiera hemos sido capaces de escuchar y entender nuestra propia voluntad, traducir en propósitos y decisiones lo que realmente nos hace felices.
Éstas no pretenden ser palabras categóricas, ni condescendientes... provienen de alguien como yo, que como cualquiera, se equivoca, duda, busca y trata de entender...
Sin embargo durante este viaje una de las lecciones importantes que he aprendido ha sido la convicción de que uno puede y debe inventar su propia vida, confeccionar a medida el camino por el que avanza. Y no sólo merece la pena realizar el ejercicio de imaginar y proyectar las pautas de tu propia vida, sino que además es más fácil de lo que parece hacerlas realidad. Y aunque nosotros mismos nos empeñemos en coaccionar nuestra libertad, las opciones existen, las variantes son infinitas y los cambios son posibles. He sido testigo de muchas historias, de muy diversos y originales modos de vida, porque existen muchas alternativas personales, confeccionadas a medida por personas que se han atrevido a romper con lo establecido y a soñar, y a construir su propio camino.
Durante las dos últimas semanas de mi estancia en India he tenido la oportunidad de conocer y participar de un modo de vida distinto, una atrevida, arriesgada y valiente alternativa, desligada de cualquier cultura o país,de cualquier regla, fundamento o convencionalismo, una opción auténtica y absolutamente confeccionada a medida... posible, real y muy interesante.
Aviram&Yorit son la pareja de israelís que hace seis años idearon la comunidad de Sadhana Forest, un terreno emplazado dentro de Auroville, en la costa sureste de la India. Una extensión de tierra deforestada y desértica, que gracias a su increíble trabajo de reforestación y conservación del agua, hoy es un bosque lleno de flora y vida.
Ellos quisieron escapar del camino marcado, quisieron construir una opción distinta, acorde con sus principios y su manera de entender la vida. Se arriesgaron, invirtieron todo su dinero en un terreno que hoy es su casa, su hogar, y el hogar de cientos de personas que desean experimentar una vida en comunidad. Ellos soñaron e inventaron su propio camino, un sendero que se encuentra fuera de lo establecido, una forma de vida personal.
Sadhana Forest acoje y abre sus puertas a todo aquel que esté dispuesto a compartir y trabajar en comunidad. El concepto base, sobre el que se sustenta su filosofía de vida, es la idea de actuar en este mundo con un absoluto respeto por el medio ambiente. El objetivo en Sadhana Forest es aumentar la conciencia en este sentido; una mayor conciencia sobre el impacto y las consecuencias de nuestro paso por la vida frente al medio que nos rodea.
Para lograr ese compromiso o comportamiento responsable y también de cara al buen funcionamiento de la comunidad, existen ciertas normas, que en principio pueden parecer autoritarias, pero que analizadas una a una con profundidad adquieren mucho sentido:
La comunidad se declara vegan, lo cual implica una estricta dieta a base de vegetales, pero no sólo no se consumen productos animales (carne, pescado), sino que tampoco se permiten los productos derivados de animales (mantequilla, huevos, miel, queso), productos procesados con conservantes y sustancias químicas (galletas industriales, conservas) y alimentos, que en su proceso de elaboración, empleen excesiva energía y por tanto un daño innecesario al medio ambiente (caña de azúcar, harina y azúcar refinados).
No se permite el consumo de bebidas estimulantes, tales como café o té, o cualquier especia picante, ya que se considera que éstas pueden alterar el estado y comportamiento natural de la persona.
Está prohibido el consumo de alcohol o drogas durante toda la estancia en la comunidad, fuera y dentro de ella, pues por concepto, va en contra del principal objetivo de la comunidad, el aumento de la conciencia personal.
No se podrán practicar juegos competitivos, como el ajedrez o las cartas.
Está prohibido el uso de jabones, champús y dentífricos no biodegradables, ya que en Sadhana Forest absolutamente todo se reutiliza y aprovecha y por tanto también el agua que alimenta a plataneros y demás árboles frutales que crecen a los pies de las duchas.
En la cabaña principal todos deben hablar inglés, el idioma que se utiliza para la comunicación común. De esta manera se evitan situaciones de discriminación y aislamiento.
Se aboga por la no escolarización de los niños. Se cree firmemente en una educación libre, en la que el niño se interesa y pregunta espontáneamente y así aprende de forma voluntaria. Cada uno de los integrantes de la comunidad (procedente de diferentes nacionalidades, culturas y con diversos conocimientos) se convierte así en un profesor para los niños que viven con él. La comunidad como fuente de sabiduría.
A cambio de la estancia dentro de la comunidad, se pide el trabajo de cuatro horas diarias en las diversas actividades que hacen que la comunidad funcione y evolucione (cocina, higiene, limpieza, estudio sobre el bosque, cazador de ratas, protección de las cabañas de termitas, recogida y transporte de verduras, trabajo en el bosque, trabajo en el jardín y los cultivos, riego, elaboración del compost, encargado del fuego en la cocina, trabajo con los niños en “children´s land”, cortar leña, movimiento de placas solares, etc).
Además de otra serie de reglas enfocadas más al buen uso cotidiano de las instalaciones, las cabañas, la cocina, los lavabos... Resulta realmente increíble lo sumamente organizadas que están todas las actividades, y lo bien que funciona todo en el día a día, quizás porque lo verdaderamente importante en la convivencia entre un grupo de personas es su propia motivación.
Vivir en Sadhana Forest es una experiencia única en la que uno tiene la oportunidad de aprender muchísimas cosas interesantes. Uno aprende a vivir en comunidad, compartiendo absolutamente todo a todas horas, aprende sobre el reciclaje y el reaprovechamiento de todo tipo de deshechos, aprende sobre el correcto uso y destino de la energía que se obtiene del medio ambiente, así como también de la propia energía que poseemos y dedicamos a nuestras tareas diarias, aprende a conocer el origen y los procesos de producción de los objetos que nos rodean, para así poder valorar su sostenibilidad, aprende a mejorar y enriquecer la alimentación conociendo sus diferentes opciones, aprende a sacar el mayor provecho de las recursos naturales, como la conservación del agua en el bosque, a partir de diferentes técnicas naturales, aprende diversas actividades gracias a la infinidad de workshops diarios, impartidos por los diferentes voluntarios porque compartir aficiones y conocimientos también forma parte de la comunidad, aprende a vivir en condiciones muy básicas, consumiendo muy pocos recursos, porque en realidad nuestras necesidades en general son mínimas, aprende a ser más humano, a compartir y ayudar a los que le rodean, aprende a aprender de las personas y de la vida en común.
Allí he sentido alegría, también tristeza. No ha sido fácil adaptarse, sobre todo a la falta de intimidad. Y aunque a veces estar rodeado de una multitud pueda resultar un tanto difícil, un tanto asfixiante, al mismo tiempo uno siente que esas mismas personas, motivadas por vivir en unidad, están a tu lado, cuidan de ti y te acompañan en lo bueno y en lo malo y todos los sentimientos se contagian unos de otros y el sufrimiento se hace más pequeño y la alegría se hace más grande. Sólo puedo estar agradecida a la comunidad y a su calor humano.
Thank you Sadhana…
"Y había algo hogareño en el desorden, en la despreocupación de la vida errante. Tal vez vivieron igual las tribus nómadas que vagaban de un sitio a otro en un peregrinaje sin destino... Al parecer, bajo la costra de suciedad que la memoria forma, los seres humanos conservan el recuerdo de la antigua vida nómada".
"la mujer justa", Sándor Márai
"la mujer justa", Sándor Márai
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En mi viaje… el viaje de mi vida, he conocido la alegría y la tristeza, he roto y rasgado mil veces las capas de mi coraza y he luchado por escuchar, cada día… mis auténticos deseos. He compartido la tristeza y la felicidad de los que me rodean. Me he ilusionado cada día y a veces me he sentido profundamente disgustada y otras increíblemente feliz de estar andando por este camino. De haber conocido a tanta gente. De haber inventado, construido y aprendido a andar en este mundo raro. De haber estado al lado de la gente que me ha necesitado, de haberme sacrificado por ellos, a veces, y de haber compartido ratos increíblemente felices, otras veces. Hay mil caminos para llegar al mismo puerto. Hay mil formas de mirar el mundo. Hay mil emociones escondidas en cada bosque, en cada árbol, en cada hoja… Cada átomo puede ser un universo. Cada bocanada de aire, una vida entera por vivir…
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